Del libro conmemorativo de los  30 años de Cita en Sevilla. Autor Antonio Torres

cita en sevilla

Cita en Sevilla fue sin duda uno de los acontecimientos más relevantes de la historia de la música en directo en el final del siglo XX en la ciudad de Sevilla. Fue un proyecto ambicioso, producto de una época en la que los acontecimientos culturales eran recibidos con avidez por una ciudadanía acostumbrada a la escasez y vivido con gran  intensidad  por una generación  que pudo acceder a una oferta hasta entonces inédita por su variedad, volumen y peso de los artistas que pasaron por sus escenarios, fundamentalmente musicales y que se sucedieron en la primavera de Sevilla desde 1984 a 1991. La iniciativa parte del Ayuntamiento en al que por primera vez, desde la reinstauración de la democracia, accede la izquierda al poder municipal en las elecciones celebradas en Abril de 1983 y que dieron la alcaldía de Sevilla al hasta entonces Presidente de la Diputación Manuel del Valle. Cita en Sevilla buscaba dar una imagen diferente de la ciudad, una imagen que reflejara a una ciudad más real, alejada de los tópicos que siempre la han condicionado y que por lo tanto pudiera plantearse hacer una oferta basada en el mestizaje de culturas y estilos dirigida a un público diverso y dispuesto a consumir experiencias musicales poco frecuentes en Sevilla hasta ese momento. Y por supuesto el Jazz era un elemento necesario para construir ese puzle cultural que significó Cita en Sevilla. El Jazz no fue un componente esencial de la programación musical, más dirigida al Rock o al Pop, pero dejó una importante huella, incluso aportó alguno de sus momentos culminantes. El Jazz había tomado la delantera en lo que a la organización de eventos musicales de gran formato en nuestra ciudad se refiere. En efecto, en noviembre de 1980 la Diputación Provincial había puesto en marcha el Festival Internacional de Jazz de Sevilla, una importante iniciativa que permitió la presencia en el otoño sevillano de las principales figuras del jazz internacional a lo largo de sus quince ediciones. El Festival de Jazz se desarrolló en dos etapas claramente diferenciadas: Las cinco primeras ediciones organizadas por el Colectivo Jazz Freeway y una segunda consecuencia del proceso progresivo de institucionalización de la gestión cultural que desarrolló, a partir de 1985, la Fundación Pública Luis Cernuda. Cita en Sevilla comienza pues su andadura en 1984, coincidiendo con la quinta edición del Festival Internacional de Jazz de Sevilla, en ese momento de transición de la organización del festival, y curiosamente en la misma ubicación. Efectivamente el por entonces conocido como “Solar de la Maestranza” era la única alternativa para organizar conciertos de gran formato, excluidos claro está, los campos de futbol, la plaza de toros y el polideportivo de Chapina descartado por el ayuntamiento después de ser sede de la I edición del Festival de Jazz en 1980. Si la quinta edición del Festival de Jazz albergó debajo de una carpa de circo a figuras tan emblemáticas como Gato Barbieri, Carmen McRay o Lester Bowie, la Cita en Sevilla, unos meses antes en el mismo escenario pero al aire libre comenzaba con un gran concierto del cantante de blues B.B. King, su guitarra “Lucille” y una gran banda que hizo la delicias de las más de dos mil quinientas personas que se congregaron allí para poder ver por primera vez una gran figura del blues en nuestra ciudad, circunstancia que se repetiría en ediciones posteriores aunque la estrella más destacada en esta parcela de la música era B.B. King. Probablemente el aforo esperado por la organización era mayor ya que Solar de la Maestranza podía albergar a un número muy superior de aficionados y la figura de B.B. King sin duda lo merecía pero probablemente una iniciativa nueva como era Cita en Sevilla todavía presentaba algunas incógnitas y el público no se sentía muy motivado o prefería expresiones musicales diferentes. Lo cierto es que el concierto fue un éxito a pesar de este inconveniente y la Cita se apuntaba un primer tanto, y no sería el único, con respecto al Festival de Jazz que hasta la fecha no había programado nada de blues. Ese buen comienzo con respecto al jazz no se pudo mantener en esa primera edición porque el segundo día dedicado a esta música en el programa, tuvo que suspenderse debido a la lluvia y lamentablemente los aficionados al jazz se quedaron sin poder disfrutar de dos importantes figuras: el saxofonista alto Richie Cole, que venía en cuarteto, y el trío del pianista Monty Alexandre, únicas oportunidades que tuvimos de verlos en directo ya que posteriormente no han sido incluidos en ninguno de los programas de los festivales y ciclos de jazz que han sobrevivido en nuestra ciudad. El mal sabor de boca de los aficionados al jazz quedó en parte compensado con la actuación en la parte final de la cita de uno de los grandes saxofonistas de la historia del jazz: Stan Getz, única vez que actuó en Sevilla, a pesar de que durante algún tiempo residió en Motril.

blogin in the wind (Blog Cita en Sevilla)

La segunda edición de Cita en Sevilla fue en lo que al jazz se refiere una edición de contrastes ya que aportó uno de los momentos más importantes de toda la programación de las ocho ediciones con la actuación de Miles Davis pero también uno de sus más sonoros fracasos con el concierto de Paquito D´Rivera. Aunque no se puede etiquetar exactamente como jazz es interesante reseñar el impresionante espectáculo de Urban Sax en la plaza San Francisco que sirvió de presentación de la Cita. Más de sesenta saxofonista liderados por el francés Gilbert Artman  que llenaron de colorido y música experimental el centro de Sevilla ante la mirada atónita de los ciudadanos. En esta edición se incluyeron también tres días dedicados al jazz, el primero de ellos con dos buenas formaciones. La primera, aprovechaba la circunstancia de la celebración, al amparo del Festival de Jazz de Sevilla, de un Seminario Internacional de Jazz que celebraba ya su quinta edición en un espacio público que tenía la Junta de Andalucía en Sanlúcar la Mayor y que permitía el aprendizaje y el intercambio de experiencias de músicos de Andalucía interesados por el jazz, con figuras ya consagradas del jazz internacional. En esta ocasión estaban presentes el guitarrista Steve Brown, el pianista Bill Dobbins, el saxofonista Dave Schnitter, el contrabajista Tood Coolman, el batería Billy Hart y el trompetista  Jack Walrath, estos tres últimos músicos habían pasado o lo harían por el festival de jazz; Billy Hart había formado parte del cuarteto de Frank Foster en la primera edición del Festival Internacional de Jazz de Sevilla en 1980, al igual que el trompetista Jack Walrath, músico de las últimas formaciones de Charlie Mingus, que tocó ese mismo año en el estadio de Chapina en el cuarteto del batería Dannie Richmond. El contrabajista Tood Coolman lo haría en la formación “Jazztet” liderada por Benny Golson y Art Farmer algunos meses después de la Cita, en noviembre de 1985. En segundo lugar visitaba Cita en Sevilla otro músico conocido por los aficionados sevillanos y que dejó una gran impresión por la sutileza y originalidad de su propuesta musical. El pianista Abdullah Ibrahim (en aquellos momentos todavía conocido como Dollard Brand) músico sudafricano dotado de una gran sensibilidad y protagonista indiscutible de la fusión del jazz y la música africana nos había visitado en el III Festival Internacional de Jazz de Sevilla y posteriormente volvería a nuestra ciudad en tres ocasiones más dentro de los Ciclos de Jazz del Teatro Central en 1999, 2000 y 2006. Hoy día está considerado como uno de los pianistas en activo más importantes de la Historia del Jazz. Ese día volvió a dejar en Sevilla una muestra más de su extraordinaria calidad como músico. De fracaso absoluto hay que referirse al concierto de Paquito D´Ribera sin duda uno de los principales exponentes, ya en aquella época, del jazz afrocubano, pero que no despertó ningún interés en el público sevillano ya que apenas se vendieron un centenar de entradas, lo cual no termina de tener una explicación razonable.  Pero sin duda la mayor expectación de esta segunda edición de la Cita en Sevilla estaba puesta en el concierto de cierre de la misma con la actuación del trompetista Miles Davis, expectación que se vio acentuada tras la caída del cartel de tres importantes actuaciones previstas en esa misma edición, las de Kid Creole & The Coconuts, que llegaron con retraso el día de su actuación y hubo imposibilidad de montar su espectáculo y las de Echo & The Bunnymen y Depeche Mode que fueron sustituidos por otros artistas. Miles Davis llegó a Sevilla en un momento interesante de su dilatada carrera, una vez más rodeado de una fuerte controversia producida por sus incursiones, cada día más evidentes, en la fusión del jazz y el rock e incluso con la música pop como demostraría en su disco “You’re Under Arrest” que había terminado de grabar en enero de ese año (1985) y que se publicaría en septiembre con los mismos músicos con los que actuó en Cita Sevilla a los que se habían añadido  el guitarrista John McLaughlin y el cantante Sting entre otros. A Sevilla Miles llegó con el saxofonista Bob Berg al que habíamos visto en las IV Jornadas de Jazz organizadas por el Colectivo Jazz Freeway en el Conservatorio de Música de Sevilla en 1982, en esa ocasión como miembro de la Mingus Dinasty. Berg se había incorporado a la banda un año antes, en 1984. El guitarrista John Scofield, líder indiscutible de la guitarra de jazz de vanguardia en estos momentos y que nos volvería a visitar en 1992 en la XIII edición de Festival de Jazz de Sevilla y por dos veces más (1996 y 2007) en los Ciclos de Jazz del Teatro Central. El bajista Darryl Jones de una gran personalidad dando el soporte básico a las evoluciones de Davis, el teclista Robert Irving III productor con Miles del disco que presentaban, “You’re Under Arrest”. Estos dos últimos músicos también acompañarían a Miles Davis en su siguiente y última actuación en Sevilla en 1987 dentro de la octava edición del Festival Internacional de Jazz de Sevilla. Cerraban el grupo el percusionista Steve Thorton y el batería Al Foster que acompañaría a Herbie Hancock en la IX edición del Festival de Jazz en 1988. El resultado fue impactante para un público deseoso de contemplar uno de los grandes mitos de la música de jazz de todos los tiempos y una vez más Cita en Sevilla se adelantaba al Festival Internacional de Jazz, que como se ha referido anteriormente, no contó con el trompetista hasta dos años después cuando actuó en el Palacio  Municipal de los Deportes de San Pablo.

En la tercera edición de la Cita en Sevilla la presencia del jazz fue muy escasa cuantitativamente, reducida a un solo concierto, pero importante cualitativamente. Era la primera vez que se presentaba en Sevilla el pianista Chick Corea y lo hacía con una de sus bandas experimentales la “Elektric Band”. Aunque el concierto no respondió totalmente a las expectativas creadas por el público, que esperaba un sonido más en la línea del “Return Forever”, propuesta con la que el pianista había alcanzado una gran notoriedad. Chick Corea volvería en la IX edición del Festival Internacional de Jazz de Sevilla y más recientemente al Teatro Maestranza en el año 2005 dentro del Ciclo de Grandes Intérpretes.

La cuarta edición de la Cita cambia de escenario, se traslada a un auditorio efímero construido en el Prado de San Sebastian y  volvió a sorprender trayendo una formación mítica en la historia del jazz: “The Modern Jazz Quartet” única ocasión en la que pisaron Sevilla el legendario quinteto, integrado por el pianista John Lewis, el vibrafonista Milt Jackson, único componente que volvería a Sevilla cuando el Festival de Jazz lo albergaba el Teatro Maestranza en una de sus últimas ediciones, el contrabajista Percy Heath y el batería Conny Kay. Jazz estructurado, dentro de la ortodoxia que marcaban los arreglos de John Lewis, perfectamente ejecutado por los grandes instrumentistas que conformaban el grupo. Quizás excesivamente formal para un escenario al aire libre y como anécdota la presencia de un seguidor de excepción, el hombre que pulverizó los records de 100 metros y de longitud: Carl Lewis que corría en esos días una prueba en Sevilla. Previamente al Modern Jazz Quartet había actuado otro grupo importante bajo las siglas de “Newport all Stars”, su líder el pianista George Wein era más conocido por ser el productor y organizador del festival de Jazz más importante de la época el “Newport Jazz Festival”, celebrado en la ciudad del mismo nombre. El festival era el punto de partida para una serie de giras en Europa de los grupos que habían triunfado en el mismo y el propio George Wein junto con otros músicos hacía su propia gira bajo la denominación de Newport All Stars. En este año la gira se llamaba “Concorde” y a Wein lo acompañaban los saxos tenores Scott  Hamilton y Harold Ashby, el trompetista y cornetista Warren Vache, el saxo alto Norris Turney, el contrabajista Slam Stewart y el batería Oliver Jackson. Muchos de los festivales europeos empezando por el cercano Cascais Jazz en Portugal, cerca de Lisboa, espejo en el que se miraba el festival de Sevilla, se nutrían del festival de Newport para planificar sus programaciones. En esta cuarta ocasión volvía de nuevo a estar presente el blues a través de dos formaciones, la liderada por el guitarrista Buddy Guy y la armónica de Junior Well  y la banda del guitarrista Johnny Copeland que, sobre todo la primera, entusiasmó a un público  dispuesto a moverse y disfrutar.

La quinta edición de Cita en Sevilla careció en su programación de música de jazz aunque sí estuvo presente el blues como empezaba a ser habitual, en este caso con uno de los grandes cantantes y armonicistas, John Cotton, que liderando una banda denominada “Chicago Blues Band”  interpretó un blues de profundas raíces que llegó a un público lamentablemente escaso que tuvo la suerte de estar presente en una ocasión única para escuchar blues de verdad.

A partir de aquí el jazz apenas tuvo presencia en las tres últimas ediciones de Cita en Sevilla, a excepción hecha de alguna banda local como la Big Band que lideraba el saxofonista sevillano José Sánchez, más conocido en nuestra ciudad como Pepe “el saxo”, la actuación de John Abercrombie trasladado al Teatro Lope de Vega, el concierto del pianista Bill Douglas en 1991 en la Escuela Superior de Arquitectura coincidiendo con la programación estelar de la inauguración del Teatro Maestranza por la que pasaron Krauss, Caballé y Pavarotty entre otros  y una interesante banda de blues sevillana la “Caledonia Blues Band” que hacía un blues de calidad donde encontramos algún músico que ha seguido ligado a la música de jazz como Mingo Balaguer. Con esta banda se cerraba la octava y última edición de Cita en Sevilla.  Con blues empezó y terminó Cita en Sevilla, en medio probablemente la mayor concentración de actos culturales en la ciudad de Sevilla en toda su historia, si exceptuamos la Expo 92 que transcurrió lógicamente en un tiempo mucho menor. Ocho ediciones donde el jazz no fue desde luego la prioridad de los programadores ya que el espectro de público al que la Cita iba dirigida era mucho más amplio, pero que a pesar de ello encontró su hueco y logró en alguna ocasión protagonizar alguno de sus momentos más importantes y permitió a los aficionados sevillanos poder ver a importantes músicos de jazz y blues inéditos en nuestra ciudad.

La Cita en Sevilla unida a otros acontecimientos culturales de aquellos años, el Festival Internacional de Jazz, la Bienal de Flamenco, El Festival de Itálica, el Festival de Cine,  y algunos más, conformaron una de las épocas doradas de la actividad cultural en nuestra ciudad, observándola desde nuestra perspectiva actual no cabe más remedio que sentir una gran nostalgia.

 

 

La ciudad era una fiesta. Diario de Sevilla. 25 Febrero 2015

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cartel 1995

XV festival 1993

Y llegamos al final de una historia que comenzó un 29 de noviembre de 1980, 15 ediciones en 16 años porque 1994 fue un año en blanco, que de forma premonitoria no tuvo festival de jazz. Fue el último intento y fue una edición extraña, no se celebró en otoño sino en marzo e intentó recuperar alguna de las opciones que estaban presentes en anteriores ediciones como la existencia de más de un escenario para la celebración de los conciertos. Efectivamente el Teatro de la Maestranza se mantuvo como escenario aunque el ciclo inserto en su programación iba a ser gestionado desde Diputación Provincial. De hecho Miguel Ángel González se incorpora nuevamente a la producción técnica del festival de la que había desaparecido en las últimas tres ediciones. Ya los conciertos del Maestranza no ocuparon la sala principal de conciertos, sino que fueron ubicados en la sala II con un formato de dúos, conciertos que buscaban en un espacio más íntimo y económicamente más conveniente, sin amplificación, lograr una mayor interacción con el público. Con esta fórmula actuaron el día 1 de marzo la pianista
californiana Joanne Brackeen y el contrabajista Calvin Hill; el día 2 un viejo conocido del
festival el pianista Randy Weston y el saxo alto Talib Quadir Kibwe que también lo acompañó en su visita a Sevilla en la cuarta edición del festival; el día 3 el pianista Dave Burrell y el mingusiano Ricky Ford con el que habíamos compartido los prolegómenos y la I y III edición del festival. Terminaba esta sección de dúos en la sala II del Maestranza, el día 4 de marzo con el pianista alemán Joachim Kühn y el percusionista senegalés Moussa Sissokho. Cuatro días de diálogos a dúo interesantes entre músicos de expresión vanguardista que se obligaban a buscar una convergencia poco habitual, si exceptuamos a Randy Weston y Talib Quadir Kibwe con una larga historia de colaboración a sus espaldas. Espacios innovadores de expresión que tendrían todo el sentido si hubieran convivido con otros de mayor dimensión, abiertos a públicos diversos como si de un festival de jazz se tratara. Pero a estas alturas eso no existía y el intento del cine
Apolo era una leve sombra de tiempos mucho mejores donde el jazz movilizaba en Sevilla a miles de aficionados Efectivamente, con unos días de intervalo, el día 8 de marzo comenzaba la segunda parte de este XV Festival Internacional de Jazz de
Sevilla en un escenario nuevo, volvíamos a un cine (el desaparecido cine Apolo) transformado en sala de audición donde había permanecido durante algún tiempo la Orquesta Sinfónica de Sevilla. Por cierto sala de acústica poco adecuada para albergar nada parecido a un sonido musical. Allí se desarrollaron otros cuatro conciertos, convirtiéndose esta edición del festival como la de mayor número de sesiones, en la que pudimos asistir a una interesante combinación de músicos y estilos músicales. El primero de ellos fue el del saxofonista Abdu Salim que después de 12 años viviendo
en Sevilla era la primera vez que lo podíamos escuchar liderando un grupo de músicos no andaluces, en este caso formado por el trombonista Frank Lacy, el pianista Alain Jean
Marie, el contrabajista Akim Bournade y el batería Ton-Ton Salut. El día 9 actuó el grupo
que reunía alguno de los músicos más destacados del panorama jazzístico español, especialmente el saxofonista Jorge Pardo y el pianista gaditano Chano Domínguez, dos músicos ya consagrados y reconocidos a los que acompañaban el contrabajista Javier Colina, el percusionista Tino di Geraldo y la vocalista Chonchi Heredia, músicos con los que el pianista ha desarrollado algunas colaboraciones en sus incursiones en la fusión del flamenco con el jazz. Probablemente el punto culmen de esa edición del festival se alcanzó con la formación liderada por el laudista libanés Rabih Abou-Khalil, músico que ya dejó muy buenas sensaciones en su actuación el año anterior en el ciclo del “Festival de Jazz en la Provincia” y que esta ocasión venía acompañado de Howard Levy a la armónica, Michel Godard en la tuba, Nabil Khaiat en las panderetas y Mark Nauseef en la batería. Grupo capaz de adentrarse en diferentes tradiciones musicales construyendo nuevas y originales propuestas llenas de colorido y energía que sedujeron a un público dispuesto a reconocer ese trabajo. La historia del Festival Internacional de Jazz
de Sevilla se cerró con el blues de Clarence “Gatemouth” Brown, el músico tejano que
llegó a Sevilla poco antes de comenzar una gira por Europa con Eric Clapton. Clarence
con su grupo “Gate’s Express” formado por músicos blancos, el saxofonista Eric Demmer,
el teclista Joe Krown, el bajista Harold Floyd y el batería David Peter, ofrecieron un concierto vibrante en un local donde para esta música sobraban las butacas. Blues para un público que seguro no imaginaba en ese momento que la historia del festival terminaba allí. Quince ediciones de buena música por donde pasó lo más representativo del jazz de nuestra época y que finalmente dejó de existir, posiblemente víctima del mismo proceso de institucionalización que un día lo hizo grande. La idea de crear un festival de jazz que fuera una referencia en el sur de Europa cada otoño, que estaba en el imaginario del Colectivo Jazz Freeway cuando comenzó esta aventura dieciséis años antes, probablemente desapareció con el propio Colectivo Jazz Freeway. Si analizamos el proceso que motivó el desarrollo del festival internacional de jazz de Sevilla veremos que el festival emergió de la nada, gracias a una serie de circunstancias que hicieron que de una iniciativa particular, promovida por un grupo de aficionados, naciera un proyecto que venía a incorporarse a un conjunto de esfuerzos, realizados desde las instituciones públicas, dirigidos a intentar paliar una situación de partida decepcionante,
con un panorama cultural poco estimulante, en el principio de la democracia, o más
exactamente con el ascenso al poder de la izquierda, en la Sevilla de principio de los 80’.
Era un momento de la historia donde desde las incipientes instituciones democráticas se
intentaba crear un proyecto cultural, en este caso para la ciudad de Sevilla, que fuera atractivo para una nueva época, con generaciones ávidas de conocimiento, experiencias y nuevas sensaciones. El jazz, en ese contexto, era una música extraña o quizás desconocida para el gran público, pero que sin embargo enganchaba bien con la idea de modernidad que en esos momentos se perseguía, o más bien lo había hecho ya, con la modernidad en la Europa de los 70’, donde el jazz era expresión de incorformismo con lo establecido, de capacidad creativa a través de la improvisación y de fusión de tradiciones musicales en un mundo abierto a todo tipo de influencias. Eran momentos propicios para la cultura, para crear espacios inexistentes y para llenar de contenido las expectativas de generaciones que esperaban cosas que conocían pero se situaban lejos
de su alcance. El jazz en España, como tantas otras cosas, estaba en el norte, San Sebastián y Barcelona tenían ya una larga experiencia, Vitoria y
Madrid, esta última a través del colegio San Juan Evangelista, habían iniciado algunos ciclos esporádicos de música de jazz a principios de la década de los 70’. 1980 fue, como
para nosotros, el punto de partida de otros muchos festivales, alguno de los cuales hoy
todavía permanecen, como el de Terrassa, Cartagena y el más cercano Festival Internacional de Granada. La apuesta del Colectivo Jazz Freeway, desde el principio, fue crear un referente en el sur de Europa teniendo en cuenta la importancia de la ciudad y su atractivo para músicos y público. Los comienzos fueron prometedores y la respuesta estuvo por encima de nuestras propias expectativas. Esto sin duda estimuló a las instituciones a mantener su apoyo como iniciativa de éxito, a la vez que empezaban a considerar hacerse con su control, probablemente desde la percepción
que existía entonces de que un control marcadamente institucional podía garantizar
su futuro. Sin embargo, la experiencia de otras iniciativas similares en otras ciudades ha
sido distinta, de hecho los festivales que han perdurado, lo han conseguido, en la mayoría de las ocasiones, porque ha existido una colaboración público-privada o una estructura estable mantenida en el tiempo, a través de la cual se han sorteado mejor algunas circunstancias coyunturales, la mayoría de las veces relacionadas con el contexto económico. No fue ese nuestro caso. Desde luego el Colectivo Freeway no era una estructura suficientemente sólida en el tiempo para gestionar un evento de esta dimensión, al fin y al cabo no era una estructura profesionalizada, aunque posteriormente surgieran iniciativas que han demostrado su solvencia manteniendo una actividad continuada en la gestión cultural de nuestra ciudad. De hecho no existía tampoco ninguna estructura profesionalizada en el seno de las instituciones de la época. La creación de la Fundación Luis Cernuda buscaba rellenar este hueco pero desde mi punto de vista, era una estructura pensada para gestionar un proyecto global, donde el festival era algo más y probablemente no el elemento más interesante para sus decisores. Por otro lado no se podría decir que existiera en su interior, al menos al
principio, una experiencia contrastada en gestión cultural. El Festival de Jazz tuvo que
competir con otras iniciativas de gran peso que además incorporaban programación de
jazz como Cita en Sevilla o el Festival de Itálica y finalmente la propia Expo 92. También
llegaba a competir consigo misma y de hecho la creación del Festival de Jazz en la Provincia, surgido inicialmente como una derivada del Festival, terminó siendo una propuesta más interesante para los objetivos estratégicos de una institución como la Diputación con responsabilidades de carácter provincial. Esto y una compleja gestión de la relación entre las diferentes instituciones implicadas en la gestión del Teatro de la Maestranza, que se suponía sede estable del festival, fueron factores que dieron probablemente como resultado la desaparición del mismo. Sin embargo, si echamos la vista atrás, el bagaje del festival ha sido enormemente positivo, el jazz que penetró a lo grande en nuestra ciudad ha mantenido espacios atractivos en los que escuchar buena música de vanguardia, los cuidados ciclos de la Universidad y del Teatro Central mantienen propuestas interesantes que nos permiten contemplar todos los años lo que
se mueve en el mundo del jazz y la mayoría de los escenarios de nuestra ciudad incorporan en sus programaciones al jazz como argumento de buena respuesta de un público que siempre ha sido fiel a esta música, aunque algunos recordarán con cierta añoranza que un día Sevilla fue confluencia de muchas cosas… Pero además el jazz forma parte esencial de la forma de expresarse de muchos músicos de Sevilla, músicos que se asocian y que conforman un colectivo que ya tiene un peso en la ciudad, algo totalmente impensable hace 30 años, lamentablemente no han evolucionado de las misma manera los locales que tienen música de jazz en directo. Pero a cambio algunas
instituciones le siguen dando algo de cobijo. Sevilla se quedó sin festival de jazz y estoy seguro que no fue una buena decisión. Aunque por otro lado se ha diversificado la oferta, se ha mantenido la afición, existe un relevo generacional que tiene múltiples opciones para seguir acercándose a la mejor música de jazz que se hace ahora, pero también existe la nostalgia de quienes vivimos una época donde nuestros sueños cristalizaron y pudimos tocar de cerca a nuestros mitos más deseados. Pero la permanencia de un Festival Internacional de Jazz en nuestra ciudad también era
una cuestión de visión, de proyecto cultural y de saber aprovechar los elementos únicos que posee la ciudad de Sevilla. Lamentablemente no se alinearon, nada raro por otra parte, los elementos de cooperación necesarios para que ello fuera posible. Se careció en todo momento de una mínima estructura estable que pensara en clave de festival de jazz durante todo el año, que planificara el modelo para los siguientes años, que implicara a instituciones y empresas en una iniciativa que tuviera una marca reconocible y que velara y defendiera su sostenibilidad y supervivencia. Nada de eso existió. Ya es demasiado tarde.

cartel 1993

XIV festival 1993

Con el mismo formato de la anterior edición pero con una programación más cuidada al
mismo nivel de las mejores ediciones a pesar de que sufrió múltiples cambios sobre lo inicialmente previsto que figuraba en el programa y cartel impreso, y un día más de concierto comenzó el último día de octubre la que iba a ser la penúltima edición del Festival Internacional de Sevilla, de nuevo en el Teatro de la Maestranza, que parecía establecerse como sede definitiva para la cita del jazz en otoño. Es la gerencia del teatro, encabezada por Francisco Senra, la que se hará cargo de la gestión del festival aunque la Fundación Luis Cernuda todavía mantuvo una relación de colaboración para su desarrollo.
Abrió el festival el 30 de octubre uno de los grandes vibrafonistas de la historia del jazz, Milt Jackson, componente del mítico “Modern Jazz Quartet” con el que había visitado nuestra ciudad pero en el marco de Cita en Sevilla unos años antes. En esta ocasión Milt Jackson se presentó con un cuarteto completamente distinto al que habían anunciado los carteles, una sólida formación que iba a estar constituida por el pianista Cedar Walton, el contrabajista John Clayton y el batería Billy Higgins, éste último nos había visitado anteriormente en dos ocasiones. Sin embargo y por razones no explicadas la sección
rítmica que finalmente acompañó a Milt Jackson estaba conformada por Michael Landone al piano, Ira Coleman al contrabajo que también nos había visitado junto al trompetista Freddie Hubbard en 1985, y de nuevo, catorce años más tarde, el batería que acompañó a Johnny Griffin en la primera edición del festival Kenny Washintong. Notas precisas, elegancia sin límites, blues de alta graduación y una gran solvencia técnica fueron los elementos que conformaron la actuación de este primer día en la que no hubo todo el público que se esperaba quizás por una deficiente difusión de los conciertos como achacaba algún medio o quizás un reflejo incipiente de una grave crisis económica que se iba acentuando en nuestro país y que en Sevilla era especialmente visible después del espejismo que vivimos con la Exposición Universal de 1992. Para el día 1 de noviembre estaba programado de nuevo el pianista Abdullah Ibrahim, que había actuado en ediciones anteriores del festival así como en Cita en Sevilla, pero finalmente cayó del cartel y en su lugar pudimos disfrutar de nuevo de la música del pianista dominicano
Michel Camilo, músico ya muy popular para el público de Sevilla y que acudía con su
trío de siempre, el que él denominaba “Original”,formado por el bajista Anthony Jackson
y el batería Dave Weckl, ya que fue con la formación que actuó por primera vez en Estados Unidos en el Cannegie Hall y que mantuvo durante más de diez años. Michel Camilo y su “Original Trío”, deleitó de nuevo a un público muy cómplice del sentido de su música, rescatadora de sonidos sureños e interpretada con un virtuosismo asombroso.En un escenario bastante más apropiado para un músico de sus características, que el de su anterior intervención dentro del festival en su
quinta edición, en la “original” ubicación de la carpa del solar de la Maestranza donde se
había enfadado con el público por su excesiva tendencia a fumar, el saxofonista barítono Gerry Mulligan se presentaba de nuevo en Sevilla. Tras una intervención el año anterior dentro de la programación de la Expo 92 en el homenaje que se hizo a Miles Davis y en un escenario distinto, el Teatro de la Maestranza, construido precisamente sobre ese solar que lo acogió en 1984. Pero ese 3 de noviembre de 1993 el saxofonista estaba a gusto. Su concierto, acompañado de un sólido grupo formado por el pianista Bill Mays, que también formaba parte de su banda en la quinta edición del festival aunque realmente el inicialmente anunciado para este concierto era Ted Rosenthal, el contrabajista Dean Johnson y el batería Ron Vicent, fue una demostración de gusto por la música bien elaborada dotada de fuerza expresiva y emotividad. El público así lo entendió, aunque su asistencia no fue masiva y eso probablemente comenzaba
a ser un síntoma. Algo estaba pasando cuando el teatro no se llenaba para ver una de las grandes figuras de la historia del jazz. El día 8 de noviembre actuó la figura más esperada de esta edición del festival, la cantante Betty Carter. Realmente la expectación fue bien satisfecha para ese público que, sin llenar, acudió esa noche al Maestranza, y lo fue no sólo por la magnífica interpretación de Betty Carter que demostró estar en la primera línea de las vocalistas de jazz de la época, con una personalidad y capacidad escénica que cautivaron, sino también porque tuvimos el lujo de poder ver los extraordinarios músicos que la acompañaban, nada más y nada menos que la pianista
Gery Allen, el contrabajista Dave Holland y el batería Jack DeJohnette, cada uno de ellos
líderes de sus formaciones y referencia para la música de jazz en los últimos treinta años
y probablemente la sección rítmica de mayor nivel que había pasado por el festival. No habían abundado las cantantes de Jazz en el festival de Jazz, Betty Carter cerró el cuarteto de grandes cantantes que pasaron por Sevilla. Carmen McRae en 1984, Sarah Vaughan en 1986 y Nina Simone en 1992, fueron sus compañeras de viaje por este festival y tendríamos que esperar hasta hace pocos años para volver a ver a grandes divas del jazz en los Ciclos de grandes Intérpretes del Teatro Maestranza cuando
asistimos a los conciertos de Cassandra Wilson en 2009 y Dianne Reeves en 2010, no considerando desde luego a Madelaine Peyroux, que también actuó en ese mismo ciclo, miembro de ese club tan exclusivo. Desde luego hay que hacer mención, como anteriormente comentaba, a la presencia del contrabajista Dave Holland y el batería Jack DeJohnette dos leyendas de esta música, el primero muy ligado al sonido ECM pero con múltiples experiencias con los grandes: Miles Davis, Chick Corea, Sam Rivers y un largo etcétera y que en los últimos años se ha acercado al mundo del flamenco junto con el guitarrista José Antonio Carmona “Pepe Habichuela” gracias a un proyecto puesto en
marcha por el Teatro Central. Bajo contundente pero con un sentido de la armonía poco común en el instrumento, siempre abierto a todo tipo de influencias y experiencias musicales. Jack DeJohnette, músico completo, también pianista y compositor con un estilo único como baterista en donde incorpora todo tipo de tradiciones musicales siendo considerado a veces, en su larga trayectoria en la batería, más como un percusionista. Sin embargo DeJohnette ha sido reclamado por todos los grandes para construir
el entramado rítmico donde elaborar su música. En ese escenario la batería deja el primer plano y se convierte en un sólido soporte lleno de delicadeza e inteligencia musical que alcanza todavía su máxima expresión en el trío formado por el pianista Keith Jarrett, el contrabajista Gary Peacock y él mismo, formación que lleva más de 30 años tocando “standars” de jazz a una altura difícil de ser superada. Y por supuesto Gery Allen  una singular pianista recientemente fallecida (2017) , sensible en su forma de tocar y capaz de conducir por los mejores entornos la audaz voz de Betty Carter. Con estos mimbres la vocalista sólo tenía que hacer lo que sabía hacer; poner sus registros al servicio de grandes temas, interpretarlos desde su personal perspectiva, “Lover
Man”, “I’m all smiles,… para terminar rememorando a John Coltrane con una inesperada
versión de “Giants steps”. Un verdadero “paso de gigante” hacia el mundo de la música bien hecha e interpretada que nos dejó pegados a la butaca del Maestranza rezando para que aquello no acabara. El festival finalizó al día siguiente con una magnífica banda que parecía, al menos como fue anunciada al principio, un resumen de la historia de un festival de jazz que estaba cercano a desaparecer. Efectivamente bajo la denominación
“Roots Salutes The Saxofones” que pretendía ser un homenaje al instrumento en su versión y sonido más moderno, se presentaba un septeto formado por el pianista Don
Pullen, el contrabajista Wayne Dockery y el batería Idris Muhammad, que darían soporte a un importante elenco de saxofonistas formado por Arthur Blythe, Sam Rivers, Chico Freeman y Keith Anderson. Finalmente esta especie de retrospectiva de la historia del festival quedó amortiguada por la caída del cartel del pianista Don Pullen y el  saxofonista Sam Rivers, que fueron sustituidos por el pianista George Gable y el saxofonista Dewey Redman respectivamente. El resultado no convenció especialmente,
ya que se notaba demasiado que era una formación de circunstancias, reunida para una gira improvisada, donde no se visualizaba por ninguna parte un proyecto común o al menos un interés de los músicos por construir un discurso musical coherente, más allá de sus propias habilidades técnicas como instrumentistas. Terminaban aquí las ensoñaciones de los que pensaban que el Teatro Maestranza sería una sede estable para el festival. De hecho aunque la última edición también lo albergaría, realmente lo haría de forma parcial, relegado a la sala accesoria del teatro, con un aforo para poco más de 200 personas. En realidad el festival carecía de estructura propia y cada día se parecía más a un ciclo de conciertos programados dentro de la dinámica de un Teatro pensado para otros menesteres. El festival aparecía como un elemento ectópico que probablemente distorsionaba la gestión “normal” del teatro, lo cual llevaba a sus responsables, probablemente, a considerarlo como una molestia que además estaba fuera de su capacidad de decisión que correspondía a otra institución, en este caso la Fundación Luis Cernuda, institución que empezaba a afrontar su propia crisis y posterior desaparición.

cartel 1992

XIII Festival 1992

Con la resaca del mayor evento acaecido en la ciudad de Sevilla en sus últimos sesenta años, la Exposición Universal de Sevilla, comenzó la XIII edición del Festival Internacional de Jazz. Finalmente el Teatro de la Maestranza parecía el espacio adecuado y definitivo donde el Festival de Jazz iba a conseguir su ansiada estabilidad. Desgraciadamente no fue así. Muy al contrario tres años más tarde de la instalación del Festival en esta ubicación éste desapareció, aunque, claro está, esta decisión
no estuvo motivada por la existencia del Teatro. Los ecos de la programación de la Expo
92 en el Teatro de la Maestranza, por donde pasaron las grandes orquestas del mundo y los grandes divos de la lírica, aun resonaban cuando comenzó esta treceava edición del festival de jazz en la que su programa figuraba como si fueran los últimos conciertos del año. El festival quedaba inserto en una programación en la que quedaba diluido, aunque producía una cierta expectación volver a ver abiertas las puertas del teatro, por primera vez para el jazz, después de la irrepetible programación que había albergado durante los meses que duró la Expo.

hampton con boina