La existencia de la Casa de América en Sevilla desde 1950 y la posterior presencia de las bases americanas de Morón, Rota y San Pablo facilitaron la presencia de la música de jazz en Sevilla, bien a través de las emisiones de radio de “La Voz de América” o por el contacto con músicos americanos que conformaban las bandas militares de las bases y que tocaban jazz. De hecho en la Feria de Abril en la llamada “Caseta Americana” actuaba todas las noches una verdadera Big Band de Jazz. Alrededor de todos estos elementos se fue conformando un núcleo de aficionados a la música de jazz en Sevilla que empezaron a organizarse. Uno de los primeros antecedentes fue el profesor Sánchez Pedrote que impulsó, desde su cátedra Cristóbal de Morales de la Universidad de Sevilla, la música de jazz en las siguientes décadas en nuestra ciudad y que fue autor en 1950 de una separata de la Revista de Estudios Hispano Americanos (Sánchez, 1950). O el Club la Rábida actualmente sede del Centro de Estudios Hispanoamericanos del CSIC núcleo en la época donde se reunía la incipiente vanguardia intelectual de aquellos tiempos y donde se hacían audiciones de jazz.

Pero el resultado más importante de todas aquellas conjunciones fue la creación del Hot Jazz Club de Sevilla en 1963. Efectivamente en 1963 un grupo de aficionados a la música de jazz comandados por el médico sevillano Manolo Manosalbas montan un club de jazz, el primero del que se tienen noticias en Sevilla y que está rodeado de muchas incertidumbres que todavía habría que investigar.

Manolo Manosalbas fue un personaje interesante. Médico y aficionado a la música de jazz, hacía en esa época un programa de radio llamado “Jazz Panorama” en Radio Nacional de España y después pasó a Radio Vida, la emisora por aquellos tiempos de los jesuitas con el programa “Esto es Jazz” junto con otra persona muy vinculada a diferentes eventos en Sevilla, el periodista Alfonso Eduardo Perez Orozco. De Alfonso Eduardo es la crónica y entrevista en la prensa local que se hace eco de la presencia de uno de los trompetistas más importantes de la historia del jazz, Bill Coleman, en abril de 1963, un mes antes de la presentación del Hot Club de Sevilla. Coincidió la visita de Bill Coleman con la Semana Santa eso si está documentado, pero no lo está que llegara a tocar. Hay una leyenda que habla que la música de tambores y trompetas inspiró al bueno de Coleman y que tocó una noche con músicos de la base militar no se sabe cuál. Pero no existía todavía el Jazz Club así que no sabemos dónde tocó ni siquiera si llegó realmente a actuar. Lo cierto es que se estableció una relación de amistad entre Bill Coleman y Manosalbas que continuó tras la muerte del primero a través de cartas con su viuda. (Torres, 2015)

También firma Alfonso Eduardo la noticia de la presentación del Sevilla Jazz Club con un ciclo de conferencias en la Facultad de Filosofía y un concierto del pianista y cantante de blues Curtis Jones en el salón de actos del Instituto Murillo en mayo de 1963. Otro elemento tampoco suficientemente documentado es la ubicación del Hot Club de Sevilla que parece estaba situado en un callejón muy estrecho, sin nombre, que está en la calle Francos justo enfrente de los antiguos almacenes Peyré. Como se puede leer en la gacetilla de ABC de aquellos años se podían recoger entradas para algunos conciertos que se celebraban en la Casa del Estudiante en el Club de Jazz de Sevilla situado en el número 54 de la calle Francos

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Banderin del Jazz Club de Sevilla.                           Fuente: Web “Apolo y Baco”
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Reseña Revista Novedades de 25 de Mayo de 1963 donde se hace eco de la inauguración del Sevilla Jazz Club con la actuación del cantante y pianista de blues Curtis Jones. Fuente: Torres A. “Jazz en Sevilla 1979-1995: Ensoñaciones de una Época”
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Reseña en la que se recoge la presencia en Sevilla del trompetista Bill Coleman en Abril de 1963.                                                               Fuente: Torres A. “Jazz en Sevilla 1970-1995: Ensoñaciones de una Época

 

 

Comienza la década de los 70’, década de encrucijadas, década de represión y de caída de la dictadura. Década donde todo se movía y donde las inquietudes sociales y culturales estaban a flor de piel. La lenta desaparición de la dictadura y el proceso de transición democrática ocurrido en nuestro país favorecieron la irrupción de nuevos colectivos ciudadanos más identificados con un jazz más comprometido. Es la década donde se produce un nuevo e importante hito de la historia del jazz en nuestra ciudad como fue la constitución del Colectivo de Divulgación Cultural Jazz Freeway que así se llamaba. Grupo de amigos desde hacía mucho tiempo con un punto común, la afición a la música de jazz y el compromiso por impulsar una sociedad moderna y de expresión libre. Destacar especialmente la figura de Antonio Lora, desgraciadamente fallecido hace unos años, que realmente fue quien inoculó al grupo la pasión por la música sincopada, un grupo de personas que nació con la idea muy clara de impulsar y difundir la música de jazz, pero en un contexto totalmente diferente de cómo había nacido en su día el Hot Jazz Club de Sevilla. El nombre del colectivo “Camino libre” era ya toda una declaración de intenciones de cómo sus miembros interpretaban el fenómeno del jazz muy ligado a la revolución que años antes se había llevado a cabo en los Estados Unidos de América con el nacimiento del Be-bop, movimiento que significó una clara ruptura con la tradición establecida. Ese es el tipo de jazz que Freeway quiso impulsar y que estaba presente en todos los eventos que organizaron en esos años. Jazz de nueva factura, como contenido esencial de las actividades de difusión que impulsaron en forma de audiciones, programas de radio y jornadas y que desembocarían en el Festival Internacional de Jazz de Sevilla en 1980.

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Foto actual  del Colectivo Freeway. De izquierda a derecha Miguel Ángel González, Antonio Torres, Jorge Narbona, Antonio Mateos y Ángel del Valle. (foto Paco Sánchez 2013)
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foto de Antonio Lora (a la derecha) miembro fundador del Colectivo Jazz Freeway. En la foto conversa con el trombonista Kai Winding en el back stage de la primera edición del Festival Internacional de Jazz de Sevilla en 1980. (Foto Pablo Juliá)
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Imagen corporativa y sede social del Colectivo Jazz Freeway diseñada por Miguel Ángel González.

Las primeras posibilidades de Freeway se limitaron a la organización de audiciones en un local muy emblemático de la época, la trastienda de casa Damas en la calle Asunción, donde cada jueves se reunían un grupo de aficionados alrededor de un plato Maranz y unas columnas AR. Se repartía una octavilla con la música que se iba a escuchar, se oía y después se debatía. Una especie de “discoforum” de una música poco difundida y muy atractiva para el aficionado en una época de cambios, de búsqueda de lo nuevo.

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Cartel informativo diseñado por Antonio Lora de las audiciones de jazz organizadas por el Colectivo Jazz Freeway en Casa Damas de la calle Asunción en los años 70´.

Siguiendo la estela del Hot Jazz Club de Sevilla, Freeway también quiso montar un club de jazz y de hecho lo hizo como queda documentado a través de la existencia de carnet y material divulgativo del mismo (Torres, 2015). Hubo reunión de constitución en el bar La Carbonería, e incluso está documentado la existencia de un concierto de presentación en la Escuela de Bellas Artes coincidiendo con las II Jornadas de Jazz en las que actuó el saxofonista vasco Vladimiro Bas. Se llegó a constituir junta directiva y a redactar estatutos, pero la experiencia no avanzó mucho más ya que se carecía de lo más importante: un local, o el dinero para alquilarlo, tampoco había músicos en esa iniciativa por lo que el proyecto se fue diluyendo con el tiempo.

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Logotipo  del Sevilla Jazz Club promovido por el Colectivo Jazz Freeway

 

Por supuesto Freeway tal como ha sido la tradición del origen de la gente que organizó festivales de jazz en España entró en el mundo de la radiodifusión primero haciendo guiones y después dirigiendo y realizando su propio programa. La voz del Guadalquivir LVG FM fue la primera emisora temática de música que hubo en Sevilla y se hizo a imagen y semejanza de la emisora de la base americana de San Pablo. Esta aventura la iniciaron y continuaron dos personas a las cuales les debe mucho la radio sevillana, Luis Baquero que nos dejó hace tiempo y Paco Sánchez hoy jubilado, director en su momento de Canal Sur Radio y uno de los más importantes fotógrafos del mundo del flamenco. En ese momento se buscaban para el proyecto más que profesionales de la radio gente experta que pudieran aportar contenidos solventes a los diferentes ejes temáticos alrededor de la música que la emisora quería poner en marcha. En aquellos momentos Paco y Luis apostaron por contar con el Colectivo Freeway haciendo un primer programa “Estudio en Negro” en el que la colaboración era tan solo como guionistas para pasar posteriormente a “Afroamérica” el programa más importante que hizo Freeway, una hora diaria de radio comprometida con una música de jazz de vanguardia reflejo de una libertad de expresión que finalmente provocó su propio final. El día después de los últimos fusilamientos de Franco después de los consejos de guerra, el programa Afroamérica solo puso la música de Miles Davis del disco Ascensor para el Cadalso, banda sonora de la película de Louis Malle y como guion poemas en contra de la pena de muerte de Bertolt Brecht. Teniendo en cuenta el momento histórico en el que el hecho se produjo y que LVG era una emisora dependiente de los sindicatos verticales de la dictadura, al día siguiente el programa Afroamérica fue eliminado de la parrilla de programación de la emisora y el Colectivo Freeway expulsado de la misma. La siguiente etapa en la radio de Freeway fue en la cadena SER como guionistas del periodista Paco Lobatón en la sesión de su magazin nocturno “Trotanoches Jazz” y posteriormente en el programa “Confluencias” con la periodista Mercedes de Pablo que tuvo una influencia clara en la aparición del Festival Internacional de Jazz de Sevilla en la siguiente década.

La actividad en radio fue importante para Freeway porque permitió su presencia en los festivales de jazz más importantes de la época que tuvieron una influencia clara como elementos de referencia para el desarrollo posterior de los Festivales Internacionales de Jazz en nuestra ciudad.

Jazz Freeway y el Festival Internacional de Jazz de Cascais

Esos festivales de referencia fueron dos: El Festival de Jazz de San Sebastián el más veterano de los festivales de España con su mítica plaza de la Trinidad, pero sobre todo, el de mayor influencia el Festival Internacional de Jazz de Cascáis cerca de Lisboa. Es de destacar el apoyo de dos personas fundamentales para el desarrollo del jazz en Portugal como fueron Luis Villas Boas y Duarte Mendonça organizadores del Festival de Jazz de Cascáis desde 1971. Luis y Duarte apoyaron al Colectivo Freeway para que éstos pudieran diseñar un formato de similares características para las primeras ediciones del Festival Internacional de Jazz de Sevilla.

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Cartel de la primera edición de Festival Internacional de Jazz de Cascais Portugal)
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Antonio Torres con Duarte Mendonça organizador de los Festivales Internacionales de Jazz de Cascais junto a Luis Villas Boas y del Festival Internacional de Jazz de Estoril. La foto se hizo en el Festival de Jazz de Estoril de 2012.

Jornadas de Jazz

La dictadura de Franco cae en 1976 y la actividad cultural se convierte en el espejo que refleja los nuevos tiempos en los que, con esperanza, se adentraba nuestro país. En 1979 la obra cultural de la Caja de Ahorros San Fernando de Sevilla decide dedicarle un espacio al jazz y recibe el encargo para organizarlo el Colectivo Jazz Freeway. El formato que se implementó fue el de una Semana de Jazz con una orientación esencialmente didáctica para difundir la música de jazz pero incluyendo también música en directo. El Colectivo elaboró un pequeño libro sobre la historia del jazz, se realizó un montaje audiovisual relatado por el periodista Paco Lobatón que servía de soporte visual al libro, se exhibieron películas de festivales Internacionales de gran formato y por supuesto hubo música en directo, en concreto tres grupos: uno local con músicos del Conservatorio Superior de Música de Sevilla, liderado por Paco Aguilera que intentaron tocar algo que sonó parecido a un ragtime y dos grupos portugueses que vinieron de la mano de los organizadores del Festival Internacional de Jazz de Cascáis, el saxofonista Râo Kiao, músico importante del jazz de Portugal en aquellos años con una profunda influencia de John Coltrane y el quinteto Anacrusa liderado por un trombonista llamado Aníbal de Castro que, junto a su mujer que actuaba como vocalista, se quedó con nosotros una buena temporada tocando en los incipientes locales en los que se podía escuchar jazz en directo. En este sentido hay que destacar dos: el Be-Bop situado en la calle Sol y el Violonchelo entre la Plaza de San Pedro y la Alfalfa en los que se reunían todos los días músicos locales. Allí se sitúan los comienzos de Manolo Calleja, Carlos Bermudo, Juan de la Oliva, Paco Aguilera, Jesús Espinosa, etc., junto con músicos instalados en nuestra ciudad y que fueron una escuela muy determinante para el devenir profesional de los primeros: el saxofonista norteamericano Abdu Salim, el trompetista puertorriqueño Angel “Chico” de Jesús, el pianista alemán Olaf Meyer y el ya citado trombonista indio Aníbal de Castro.

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Actuación del saxofonista Abdu Salim en el Be bop. Al fondo el contrabajista Manolo Calleja

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Portada del folleto divulgativo sobre la historia del Jazz elaborado por el Colectivo Jazz Freeway para la I Semana de Jazz que se celebró en 1979 en la Escuela Superior de Arquitectura patrocinada por la Caja de Ahorros San Fernando de Sevilla.

Esta primera semana de jazz tuvo su continuidad en hasta cinco ediciones con distintos patrocinios y locales, A partir de la III edición, ya con coincidencia en el año con las primeras ediciones del festival Internacional de Jazz de Sevilla. A destacar por supuesto el fantástico concierto de Tete Montoliu en la tercera edición con nada más y nada menos que Sonny Stitt y Billy Higgins o el de la cuarta edición con la formación “Mingus Dinasty” liderada por Danny Richmond en un memorable concierto en el salón de actos del Conservatorio Superior de Música de Sevilla de la calle Jesús del Gran Poder.

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Folleto anunciador de las III Jornadas de Jazz. Patrocinadas por el Ayuntamiento de Sevilla y realizadas en la Sala San Hermenegildo que posteriormente sería la primera sede del Parlamento de Andalucía

 

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Cartel anunciador de las IV Jornadas de Jazz organizadas por el Jazz Freeway y patrocinada por la Caja de Ahorros San Fernando de Sevilla. Diseño Carlos Ortega
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Folleto anunciador de las V Jornadas de Jazz últimas que organizó el Colectivo Freeway patrocinadas por el Servicio de Extensión Unversitaria de Sevilla y la Diputación Provincial

 

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Actuación del saxofonista Sonny Stitt y el trio de Tete Montoliú con Billy Higgins en la batería y Herbie Lewis al contrabajo en las III Jornadas de Jazz de Sevilla en la sala San Hermenegildo. Foto Paco Sánchez

 

 

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Actuación del saxofonista Bob Berg dentro la formación “Mingus Dinasty” liderada por Dannie Richmond en las IV Jornadas de Jazz patrocinadas por la Caja de Ahorros San Fernando de Sevilla en el Conservaorio Superior de música de Sevilla. Foto Carlos Ortega.

 

 

cartel 1980

I festival 1980

La primera Edición del Festival Internacional Jazz de Sevilla se celebró en noviembre de
1980. Sevilla se situaba desde ese momento como una de las ciudades españolas que habían apostado por la música de jazz, considerada expresión cultural interesante, reflejo de modernidad, en una época donde las instituciones buscaban llenar los espacios vacios por la falta de compromisos culturales con la ciudadanía. No era la única, en 1980 comenzaron también los Festivales de Jazz de Valencia, Cartagena, Granada y probablemente alguno más. De hecho todavía alguno de ellos se mantiene, aunque su planteamiento fue desde el principio el de ciclos de conciertos sin una estructura de Festival como Cascais o San Sebastián o como se lo planteó Sevilla desde el principio.
Las primeras elecciones municipales en España en 1979 fueron un factor esencial para
la potenciación de iniciativas culturales de carácter local, que supusieron una especie de
avanzadilla al proceso de institucionalización de la cultura que se reforzó con la llegada al poder de la izquierda en 1982. En el caso de Sevilla la alcaldía de Sevilla en las primeras elecciones democráticas fue ganada por el nacionalismo andaluz del Partido Andalucista y el equipo municipal se puso manos a la obra para reforzar nuestros elementos identitarios desde el punto de vista cultural. Es en 1979 cuando se pone en marcha el proyecto de la Bienal de Flamenco liderado por José Luis Ortiz Nuevo, delegado municipal de Cultura y Fiestas Mayores de la recién constituida primera Corporación Municipal de la democracia, cuya primera edición se pone en marcha
en abril de 1980. Es interesante observar el proceso de diseño de la Bienal que partió
con la creación de un patronato en el que participaron a partes iguales representantes del Ayuntamiento de Sevilla y representantes de la Federación de Peñas Flamencas. En esas mismas elecciones locales de 1979, el Partido Socialista Obrero Español accede a la Diputación Provincial de Sevilla y pone en marcha un importante volumen de actividades a través de su recién creada delegación de cultura. Se buscaban nuevas iniciativas culturales y eventos que tuvieran una cierta repercusión en el conjunto de la provincia, la presencia en algunas ciudades españolas como San Sebastián, Barcelona y Vitoria de Festivales de Jazz con una proyección internacional y la presencia (aunque minima y no comparable naturalmente a la Bienal de Flamenco) de un colectivo estructurado en torno a la música de jazz, unido a circunstancias azarosas, hicieron
posible la puesta en marcha de ciclos dedicados a la música de jazz cuyas derivadas llegan hasta nuestros días. La base sobre la que se construyó el festival fue la de un grupo de jóvenes amigos aficionados al jazz que pertenecían a uno de esos colectivos
emergentes de la sociedad sevillana de la época, preocupados por la cultura, comprometidos con el cambio político, que intentában corresponder a ese movimiento continuo de la sociedad con nuevas iniciativas relacionadas con la difusión de una música  comprometida con los valores de un nuevo tiempo, que impulsaba la libre expresión y que era casi desconocida, al menos bajo esos parámetros en nuestra ciudad.

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La primera pregunta a la que tenía que responder el Colectivo Jazz Freeway era el modelo de Festival que quería impulsar y su dimensión . No se pensaba en un modelo de conciertos en espacios escénicos cerrados que en aquel tiempo sólo podían ubicarse en alguno de los teatros de la ciudad, ni tampoco  en actuaciones al aire libre dada la climatología previsible de un mes de noviembre en Sevilla.
Al final el espejo elegido fue el festival de Jazz de Cascais en Portugal que se celebraba en
un polideportivo. La opción era más compleja desde el punto de vista organizativo pero respondía mejor a la idea de Festival que el Colectivo había vivido en el festival de Cascais, es decir un espacio más informal donde el público se pudiera mover con mayor libertad y  permitiera sesiones largas con la actuación diaria de tres grupos. Al final la elección fue el desaparecido estadio municipal de Chapina, al que se calculaba un aforo de alrededor de cinco mil personas. La apuesta era arriesgada ya que era dificil una previsión mínimamente solvente de la capacidad de atracción que podría tener un Festival de Jazz en nuestra ciudad, entre otras razones porque no existía ninguna experiencia previa. No obstante, si se estaba convencido de que en Sevilla había público para la buena música, eran tiempos de avidez por lo cultural y el jazz tenía el atractivo suficiente, aunque sólo fuera por la novedad, para movilizar a un público poco acostumbrado a acceder a conciertos en directo de músicos de primer nivel.

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carnet y abono

La segunda cuestión era relativamente más fácil de responder, y era hacer una propuesta  de programa que respondiera a las expectativas que desde la Diputación Provincial se habían puesto en la celebración de un evento de estas características. Si se trataba de contratar músicos de primer nivel, estaba claro que la única opción era aprovechar la gira de otoño en Europa de los grupos de jazz de Estados Unidos que desde hacía una década alimentaban los Festivales de Jazz europeos y que tuvo su origen a principios de los 70’ en la gira de los músicos del Festival de Newport promovida por George Wein y que originó un flujo hacia Europa de músicos de jazz estadounidenses que se mantiene hasta nuestros días. Luis Villas Boas fue uno de los primeros promotores que pusieron en marcha estos festivales en el Cascais-Jazz de 1971. Detrás de cualquier gira estructurada existe un promotor que tiene la exclusiva para un país. En este caso el referente para España era Julio Martí promotor valenciano que iniciaba precisamente su andadura en ese negocio en 1980. Con estos elementos previos y con un viaje previo a Valencia a casa de Julio Martí, se elaboró un presupuesto con capacidad de afrontar un evento de tres días de duración y actuaciones de tres grupos cada día. El presupuesto presentado por el Colectivo Jazz Freeway y aprobado por la Diputación fue finalmente de 4 millones de pesetas de los cuales estaban dedicados a la contratación de músicos más del cincuenta por ciento.  El esquema de trabajo era totalmente casero lleno de buenas intenciones y voluntarismo en un contexto donde las horas de trabajo y la dedicación no tenían límite. El programa inicial que se presentó a la Diputación no fue el definitivo porque tuvo dos sensibles pérdidas. Por un lado la de dos músicos europeos que habíamos visto el año anterior en el Festival de Cascais, el violinista inglés Didier Lockwood y el bajista francés Henri Texier, previstos para el último día y sobre todo la de Archie Shepp y su cuarteto, a quien los miembros del colectivo tenían un especial interés en ver en Sevilla, aunque finalmente sería sustituido por un músico carismático que dejó una profunda huella en nuestra ciudad, el violinista francés Stephan Grappelli. En la propuesta inicial y siguiendo el esquema de la primera semana de jazz que organizó el Freeway el año anterior se habían previsto algunas actividades previas a los conciertos como alguna conferencia o proyecciones, pero finalmente se desechó la idea concentrándose toda la actividad en el polideportivo de Chapina circunscrita exclusivamente a los conciertos programados.

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La logística del Festival pasaba también por buscar los complementos necesarios que garantizasen los conciertos en condiciones adecuadas de visibilidad y de sonido, el acondicionamiento del polideportivo para un concierto de estas características fue realmente artesanal. Javier Gutiérrez Padilla actual responsable de las actividades culturales del CICUS y del Festival de Jazz de la Universidad de Sevilla, fue el responsable de la logística interna que pasaba por cubrir todo el parquet del estadio con tableros de aglomerado pegados con cinta aislante, colgar los cortinajes de terciopelo en el fondo del escenario que se cosiguió en un sitio de la calle Pagés del Corro donde alquilaban elementos de atrezo para teatro, colgar una inmensa pancarta de tela sobre las cortinas a base de alfileres, apoyarse en las empresas que en Sevilla se dedicaban, y algunas de ellas todavía se dedican a esos menesteres, es decir Quidiello, para las sillas que cubrían la cancha del polideportivo y Estructuras Tubulares YDE, para el montaje de un gran escenario. El piano de cola lo suministró, como en el resto de las ediciones, la empresa Isidoro Pianos. Pero el sonido era diferente, no se conocía en ese momento empresas en Sevilla que pudieran poner sonido a un gran festival en un espacio cerrado, difícil de sonorizar y para un tipo de música no basada en la potencia de watios disponible sino llena de matices acústicos que necesitaban ser destacados. La solución, una vez más, no pudo ser más casera e improvisada. Un chaval catalán que estaba haciendo la mili en Sevilla y al que un componente del Colectivo daba refugio cuando podía salir del cuartel. Ramonet tenía una empresa de sonido en Barcelona llamada “Sonet” que hacía bolos en Cataluña y que nos aseguraban tenían experiencia suficiente en la sonorización de conciertos acústicos de gran formato. Era una solución en aquellos momentos y se llegó a un acuerdo por un buen precio y “Sonet” se hizo cargo finalmente del sonido del I Festival Internacional de Jazz de Sevilla con anécdota incluida: la furgoneta que bajaba de Barcelona con todo el equipo de sonido se averió y llegó casi 24 horas después de lo previsto, al alba del mismo día que empezaba el concierto, después de una larga, larguísima noche de espera para todos los miembros de Freeway.

Otro tema que solucionar era la cartelería y también en esa ocasión se optó por una solución práctica, se hizo una selección de las diapositivas de los Festivales de Jazz de Cascais y San Sebastián y al final se eligió una foto de Luis Castilla que correspondía al Festival de San Sebastián del año 74 de una memorable sesión de Fatha Hines Meets Kansas City’s Stars. Como programa de mano se hizo un humilde tríptico en el que había un pequeño resumen de los diferentes grupos que iban a actuar y el trabajo de impresión se encargó a la imprenta Haro de Sevilla. Había que montar un Festival de Jazz Internacional en poco menos de cuatro meses y  muchos detalles que tener en cuenta, la identificación de organizadores y prensa siguió el mismo modelo que Cascais, los traslados de músicos desde el aeropuerto al hotel y al concierto lo organizamos con los propios coches de los miembros del Colectivos y los de algunos amigos, se elaboraron dossieres completos de cada uno de los grupos para los medios de comunicación y se movilizó prensa y radio para dar el máximo de difusión al evento. Fueron meses de una gran actividad, con sensaciones encontradas sobre cuál iba a ser el resultado del  esfuerzo.

El viernes 28 de noviembre de 1980 comenzó la andadura de un festival que nacía, como decía la presentación del programa, “un festival de jazz para convertir a Sevilla en la Ciudad del Jazz en Otoño”, durante un largo tiempo fue así y todo ese tiempo Sevilla se abrió a una música, para ella extraña, pero que rápidamente fue absorbida por una ciudad que despertaba. La expectación creada fue importante y se vendió todo el taquillaje  puesto a la venta, el cálculo fue que asistieron más de cinco mil personas, se supo que hubo falsificación de entradas y sobre todo falsificación de invitaciones, lo cual creó algunos problemas para ubicar a tanta gente en un estadio abarrotado. Alrededor del estadio de Chapina tuvo que intervenir la policía ya que había mucha gente que quería entrar sin entrada. Fueron unos momentos tensos que afortunadamente no llegaron a mayores pero que sirvieron de aprendizaje para incorporar muchas modificaciones en la organización de la segunda edición del festival al año siguiente.

 

JAZZ Los carteles

 

II Festival 1981

La segunda edición del Festival Internacional de Jazz de Sevilla se celebró igual que la primera, en noviembre: concretamente los conciertos se celebraron el 27, 28 y 29 de noviembre de 1981, aunque en esta edición el festival contó con iniciativas colaterales de tal manera que las actividades del festival realmente comenzaron el sábado 21 de noviembre. La segunda edición, como podía esperarse, fue menos improvisada
y el Colectivo Jazz Freeway pudo hacer efectivas muchas de las lecciones aprendidas de la primera. El primer elemento que se afrontó fue el cambio de escenario. Hubo problemas para renovar el Polideportivo de Chapina como lugar de celebración de los conciertos ya que se aducía el posible deterioro del parquet de la pista a pesar de la protección que se le puso. De hecho el Ayuntamiento de Sevilla llegó a publicar una norma en la que se prohibía explícitamente el uso del estadio para todo uso distinto al deportivo. Las gestiones para buscar una alternativa se hicieron  con la Universidad de Sevilla, que ya había colaborado en la organización de las Jornadas de Jazz. Era un escenario similar al polideportivo donde se celebraba el Jazz Cascais de
Portugal aunque con un aforo significativamente menor que el estadio de Chapina, alrededor de 2.500 personas. Las negociaciones con la universidad llegaron a buen puerto y finalmente quedó fijado el polideportivo de la Escuela Superior de Arquitectura de Sevilla como sede del festival, sede que albergaría finalmente la segunda, tercera y cuarta edición. Se optó  igualmente por incorporar algunas modificaciones organizativas.

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Tarjeta identificativa para los miembros de la organización del Festival Internacional de Jazz de Sevilla

Desde luego se incluyeron vallas protectoras y circuitos vallados de acceso para el público con el objeto de evitar los problemas de seguridad que se habían producido en la primera edición y se hizo un estricto control del taquillaje para evitar posibles falsificaciones de entradas. En cuanto al programa se decidió eliminar la actuación
de los grupos locales en la apertura de cada día dejando dos grupos internacionales
por día. Esto que tuvo su polémica por parte de los músicos de Sevilla permitía un horario más razonable y poder sacar un mayor margen para poder disfrutar de los grupos de primer nivel. En la primera edición hubo verdaderos problemas para cumplir horarios y, además, los conciertos se alargaban a veces hasta 5 o 6 horas.

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Pegatina de la segunda edición del II Festival Internacional de Jazz de Sevilla

Otra modificación introducida en esta segunda edición fue la de incorporar al festival otras actividades que sirvieran para su difusión. En esta ocasión se convocó un concurso de carteles para fijar la imagen del festival, concurso que ganó José Manuel Palou precisamente con una foto de la actuación del saxofonista Johnny Griffin
en la primera edición del festival. La exposición de los carteles que concursaron quedó
instalada en la sede la Diputación Provincial desde unos días antes al comienzo de los conciertos.  También se llegó a un acuerdo de colaboración con Radio Cadena Española
para desarrollar un especial dedicado al Festival durante doce horas “Doce horas de Jazz” que lideró José Luis Jurado el sábado día 23 de noviembre y por la que pasaron los miembros del Colectivo Freeway a hablar con José Luis de la música y de los músicos que iban a actuar en esta segunda edición.

 

También se  programó un concierto de  presentación del Festival que tenía el doble objetivo de hacer una difusión del festival en la ciudad a través de la música en directo en espacios abiertos y, por otra, dar un hueco a músicos de jazz andaluces, que habían quedado excluidos de las actuaciones del polideportivo de Arquitectura. Finalmente este concierto presentación se hizo con acceso libre en la plaza de San Francisco con el Cuarteto malagueño “Onice”, grupo formado por Antonio Cal saxos, tenor y barítono y flauta, Jorge López guitarra, Alejandro Bode contrabajo y Juan Larrubia batería. La logística también cambió y en esta ocasión se hizo cargo del sonido una empresa andaluza llamada Aroal, representante del sonido “Bose” en nuestra ciudad. El reparto de tareas se volvió a distribuir entre los miembros del colectivo incorporando formalmente a Pepe Mateos Rubio para coordinar todo el traslado de músicos y a Javier Gutiérrez Padilla como responsable de la organización interna y accesos del polideportivo. También esta vez colaboraron algunas instituciones y empresas como la Caja de Ahorros San Fernando de Sevilla, La Universidad de Sevilla y Radio Cadena Española.

El programa seleccionado volvió a responder a las expectativas que Freeway había planteado: seis grupos que podrían mantener e incluso superar el nivel de la primera edición. Músicos relevantes en la historia del jazz que traían a Sevilla una visión rompedora con las tradiciones establecidas, influenciadas e influyentes sobre nuevas tendencias en la música, en la pintura, en el cine o en la literatura, una música expresión de una modernidad
que comenzaba a adentrarse en un nuevo tejido social más abierto a influencias
y mixturas.

 

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III Festival 1982

La tercera edición del Festival también se realizó en el Polideportivo de Arquitectura, aunque desde el colectivo Freeway intentábamos buscar una mejor ubicación ya que el aforo era pequeño. Alrededor de unas dos mil quinientas personas, insuficientes para las expectativas que el jazz levantaba en ese momento en Sevilla. De hecho, en Chapina habíamos llegado a los cinco mil asistentes. Por primera vez la prensa se hace eco de estos elementos de logística. El estadio de Chapina estaba vetado por un decreto
municipal que prohibía específicamentesu utilización para actividades extradeportivas,
sí estuvimos buscando otras alternativas como la utilización de unos hangares de la empresa CASA, pero al final las negociaciones no fructificaron.

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Por primera vez también se habla en la prensa de presupuestos y de los problemas que la subida del dólar nos estaba causando para cerrar el programa. Efectivamente los contratos con los músicos se cerraban meses antes del festival y su caché se comprometía en dólares por lo que cualquier fluctuación al alza de la moneda norteamericana amenazaba seriamente el presupuesto que habíamos cerrado con la Diputación. De hecho el titular de ABC de la época hablaba de recortes en la programación del festival a causa de la subida del dólar, cuestión que no era exactamente así, ya que no existieron tales recortes, tan sólo renunciamos al desarrollo de algunos actos paralelos como proyecciones de películas en torno al jazz y una exposición fotográfica sobre el festival, que al final no se realizó más por razones logísticas que presupuestarias. El presupuesto presentado por la Diputación fue de siete millones ochocientas mil pesetas lo que nos permitió construir un programa razonable dentro del objetivo que habíamos planteado desde el Colectivo Freeway de traer a Sevilla jazz de alto nivel, donde primaba más la calidad y el aporte de innovación en los contenidos musicales que la notoriedad de los músicos. De todas formas, era interesante que este tipo de polémicas empezaran a surgir en los medios, que por otra parte nos recordaban situaciones similares vividas en el festival de jazz de Cascais cuya programación anual, que hacía Villas Boas, era sometida a escrutinio y crítica pública a veces muy apasionada.

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En esta edición la apertura del festival se hizo en un escenario abierto; en este caso en el Patio Banderas en la puerta de la Judería del Barrio de Santa Cruz y muy cerca de la sede de la Diputación Provincial de Sevilla. La presentación del festival se hizo el domingo 14 de noviembre unos días antes de los conciertos en el polideportivo que se celebraron el 19, 20 y 21 de noviembre de 1982. La actuación estuvo a cargo del llamado “Colectivo de Músicos de Jazz de Sevilla” en el que se agrupaban algunos grupos locales como Sótano Jazz Quartet, Albanta Jazz y ACME Quartet en los que participaron músicos como Paco Aguilera, Joaquín Galindo, Jesús Espinosa, Manolo Calleja, Jimmy Castro, Manolo Vargas, Sergio Rodríguez, Pitito Maqueda, Juan de la Oliva, Ángel de Jesús, Manolo Morillo y algunos más, como Silvio Fernández, icono del rock sevillano, al que vemos en una foto captada y publicada en la prensa como parte del colectivo de músicos que actuaron esa noche. Realmente el concierto se convirtió en una verdadera jam session a la cual se acercó mucho público como preámbulo a un tiempo de jazz que ya se esperaba en el otoño de Sevilla. En esta ocasión decidimos encargar el cartel de la tercera edición del Festival a algúnartista de Andalucía, queríamos una visión más profesional de la imagen del festival y nos fijamos en uno de los carteles que más nos había gustado del concurso convocado en la segunda edición. Fue el inicio de una intensa y dilatada relación con Manolo Cuervo, artista onubense, afincado en Sevilla, que a partir de ese año comenzaría una larga colaboración con el festival de jazz haciendo la cartelería y el diseño de los programas de mano del resto de ediciones, trabajo que se continuaría con otros ciclos de jazz que se realizaron en nuestra ciudad. Los diseños de Manolo Cuervo le dieron una seña de identidad al festival y, por otra parte, constituyeron una fuente de inspiración continua para su propia obra. Recientemente ha realizado una exposición
retrospectiva de todo su trabajo en torno a la música de jazz por diferentes puntos de
Andalucía que ha cosechado un notable éxito.

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Antonio Torres y Jose Antonio Chacón con Manolo Cuervo en su estudio

 

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IV Festival 1983

La cuarta edición del Festival Internacional de Jazz de Sevilla se desarrolla en un momento interesante de la vida cultural y política de la ciudad, en mayo de aquel año se habían celebrado las elecciones municipales y el Partido Socialista Obrero Español cosechó una importante victoria en la ciudad de Sevilla haciéndose con la alcaldía y obteniendo 19 concejales. Esto hizo que Manuel del Valle Arévalo, hasta
entonces Presidente de la Diputación Provincial, accediera a la alcaldía de Sevilla y que el hasta entonces Vicepresidente de la Diputación Provincial Miguel Ángel Pino Menchén
se hiciera cargo de la presidencia. Este cambio en la estructura política de la ciudad en principio no parecía que tuviera ningún impacto sobre la organización del Festival Internacional de Jazz de Sevilla, justo al contrario Miguel Ángel Pino había sido realmente el impulsor en su inicio de la celebración de un evento de estas
características en Sevilla y la alcaldía por parte de Manuel del Valle podría permitir la sinergia de esfuerzos para el mantenimiento e incluso incremento del apoyo de las instituciones al festival. Y de facto fue así, aunque este hecho significara en un horizonte no muy lejano la salida del Colectivo Jazz Freeway de la organización del festival. En efecto, a partir de este año 1983, se empieza a producir un proceso de institucionalización del festival que culminaría en 1985. La cultura se convierte en un elemento estratégico para las organizaciones políticas en el proceso de construcción del recién estrenado estado democrático en España, una vía para acceder a la modernidad y provocar un acercamiento a Europa. Esta estrategia que se hace evidente sobre todo con el acceso al poder de la izquierda en 1982 en todo el Estado, también es compartida y estimulada incluso antes desde el poder municipal y autonómico. Todo este proceso requiere por parte de las instituciones promover la creación de estructuras, que
anteriormente eran prácticamente inexistentes, que pudieran gestionar todas las actividades culturales financiadas desde las instituciones y que ya tenían una intencionalidad al formar parte de una estrategia explícita de impregnación
cultural como seña de identidad en el diseño de las políticas que las instituciones
querían transmitir a sus ciudadanos. La primera señal inequívoca de este proceso que se ponía en marcha se recogía en el programa de mano de esta edición del festival donde aparecía por primera vez, junto al Colectivo Freeway, en la organización del festival, el Departamento de Cultura de la Diputación Provincial que daría paso posteriormente a un ente instrumental como fue la Fundación Luis Cernuda.

Por primera vez el festival se celebraba en los primeros días de diciembre, exactamente los días 2, 3 y 4, en la misma ubicación del Polideportivo de Arquitectura, aunque sería la última vez que éste lo acogiera. El programa de mano también introducía alguna innovación como la incorporación al final de un glosario de términos jazzísticos que elaboró José Luis Jurado locutor en aquel tiempo de Radiocadena Española, recientemente fallecido, y además una selección de la discografía editada en España de los músicos que tocaban en esta edición que elaboró también José Luis Jurado y miembros de Freeway , y que acompañaba a los textos  incluidos en el programa . También se incluía la clasificación de músicos de los diferentes instrumentos del año que incluia la revista Down Beat. Además de los anunciantes que participaron en la anterior edición es interesante reseñar la incorporación de un anuncio de la revista “Quartica Jazz” que desde Barcelona quería incrementar el número de suscriptores y que debió pensar que Sevilla era sitio interesante para captarlos. El sonido del festival de nuevo cambió haciéndose cargo del mismo una empresa sevillana llamada Audio Trans.

Por primera vez se produjo un estreno mundial en el festival a cargo del trompetista Lester Bowie con su Brass Fantasy:

La prensa de esos días recogía una fuerte crítica de los músicos locales por estar excluidos del programa dedicado en exclusiva a formaciones internacionales, aunque su presencia en el programa principal sólo ocurrió en la primera edición.

El país. reseña del festival

ABC. Reseña del Festival

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V Festival 1984

El quinto Festival Internacional de Sevilla en 1984 va a significar el final de una etapa en la historia del festival, es la última edición que el Colectivo Jazz Freeway organiza y culmina un proceso de institucionalización que era común en otros ámbitos y que con respecto al festival de jazz se había iniciado de forma clara en la edición anterior. Las instituciones toman conciencia de la importancia de la cultura como instrumento de difusión de sus políticas y se crean estructuras para gestionar el número creciente de infraestructuras y proyectos culturales que iban creciendo en la ciudad. En efecto, en 1984 se crea por la Diputación Provincial la Fundación Luis Cernuda que, entre otros múltiples cometidos, asumió la responsabilidad de organizar el Festival Internacional
de Jazz de Sevilla. También ese mismo año ocurre otro hecho importante y es
la aparición de Cita en Sevilla organizada por el Ayuntamiento y que, junto con la Bienal de Flamenco, el Festival Internacional de Jazz y el Festival de Itálica, configuran una oferta musical para la ciudad de unas dimensiones hasta entonces desconocidas. Cita en Sevilla se celebraba en mayo como colofón de las fiestas de primavera de la ciudad y agrupaba una serie de conciertos de diferentes tipos de música pero siempre con una presencia importante de figuras de primer nivel. La programación desde el principió incluyó música de jazz. En el excelente blog “Blogin’in the win” se puede recabar información y más que información de la historia de Cita en Sevilla haciendo un recorrido muy completo por uno de los momentos culturales, desde la perspectiva
musical, más importantes que vivió la ciudad de Sevilla constituyendo un verdadero ensayo para lo que significaría más adelante la Expo 92. En la programación de esa primera cita en Sevilla actuaría B.B. King quien abriría la Cita de ese año, pero no iba a ser el último ni el más importante ya que por Cita en Sevilla pasaron grandes figuras del jazz sobre todo Miles Davis al año siguiente, en una programación que también contaría con Abdullah Ibrahim y Paquito de Rivera, o el Modern Jazz Quartet, Chick Corea y otros muchos a lo largo de sus ocho ediciones.

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blogin in the wind (Cita en Sevilla)

El escenario del festival de jazz también iba a ser distinto y precisamente se iba a compartir ese año con Cita en Sevilla pero en su versión de invierno. Efectivamente el solar del antiguo cuartel de la Real Maestranza de Artillería se convierte durante algunos años en una ubicación efímera para eventos musicales que parece actuaron de cimientos premonitorios de su definitivo destino como la más importante infraestructura cultural de nuestra ciudad bajo su denominación definitiva como Teatro Maestranza de Sevilla. Realmente era un solar en un lugar emblemático cuya utilización para Cita en Sevilla podía concebirse sin demasiado problema al aire libre ya que se celebraba en mayo, pero con un planteamiento muy diferente para el Festival Internacional de Jazz que se organizaba en noviembre y, por lo tanto, había que descartar que se pudiera celebrar al descubierto. La solución fue el montaje de una carpa de circo en el solar con una capacidad para alrededor de 2.000 personas que probablemente no fue la mejor solución, pero permitía hacer el festival en un momento de fuerte competencia de eventos musicales en la ciudad.

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El Festival Internacional de Jazz de Sevilla intentaba conservar su hueco en un momento de claro protagonismo de las instituciones públicas que competían por ofrecer a los ciudadanos de Sevilla una oferta cultural sin precedentes. Esta edición también recuperó la presencia de grupos locales a través de una iniciativa interesante como fue la de organizar la I Muestra de Grupos de Jazz Andaluces que permitió contar con grupos
de Sevilla, Granada y Málaga actuando en diferentes distritos municipales de la ciudad
con lo que buscaba una mayor implicación de los barrios en una oferta cultural que
lograra una mayor penetración y accesibilidad a los ciudadanos de Sevilla. La muestra también quería dar una mayor visibilidad a músicos andaluces que empezaban a tener presencia en algunos locales donde había una oferta de música en directo y que habían participado ya en algunas iniciativas formativas que se habían puesto en marcha en forma de seminarios o talleres como los organizados con el Taller de Músicos de Jazz de Barcelona. Además de las actuaciones en los distritos municipales se volvió a recuperar la presentación del festival con la actuación de todos los grupos andaluces en el Patio de Banderas. En esta I Muestra de Jazz Andaluz pudimos escuchar al grupo de Granada “Combo Jazzta” formado por el guitarrista Kiko Aguado, el piano de Luis Poyatos, el bajo de Nicolás Medina y el batería Julio Pérez; el ya conocido en Sevilla “A.C.M.E. Jazz Quartet” formado en torno al trompetista puertorriqueño afincado en Sevilla Ángel “Chico” de Jesús acompañado de Pitito Maqueda a la guitarra, Manolo Rosa al
bajo y Manuel Marinelli a la batería; y finalmente el grupo malagueño “Oleo Jazz” con
José Javier Denis al saxo, Rafael Benzo guitarra, Francisco Posé al contrabajo y Amador
Martín a la batería. Un conjunto de músicos que eran la base de un incipiente acercamiento de los músicos andaluces a la música de jazz, tocando en diferentes locales que empezaban a proliferar por las ciudades andaluzas sobre todo las que contaban con un Festival de jazz anual.