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I festival 1980

La primera Edición del Festival Internacional Jazz de Sevilla se celebró en noviembre de
1980. Sevilla se situaba desde ese momento como una de las ciudades españolas que habían apostado por la música de jazz, considerada expresión cultural interesante, reflejo de modernidad, en una época donde las instituciones buscaban llenar los espacios vacios por la falta de compromisos culturales con la ciudadanía. No era la única, en 1980 comenzaron también los Festivales de Jazz de Valencia, Cartagena, Granada y probablemente alguno más. De hecho todavía alguno de ellos se mantiene, aunque su planteamiento fue desde el principio el de ciclos de conciertos sin una estructura de Festival como Cascais o San Sebastián o como se lo planteó Sevilla desde el principio.
Las primeras elecciones municipales en España en 1979 fueron un factor esencial para
la potenciación de iniciativas culturales de carácter local, que supusieron una especie de
avanzadilla al proceso de institucionalización de la cultura que se reforzó con la llegada al poder de la izquierda en 1982. En el caso de Sevilla la alcaldía de Sevilla en las primeras elecciones democráticas fue ganada por el nacionalismo andaluz del Partido Andalucista y el equipo municipal se puso manos a la obra para reforzar nuestros elementos identitarios desde el punto de vista cultural. Es en 1979 cuando se pone en marcha el proyecto de la Bienal de Flamenco liderado por José Luis Ortiz Nuevo, delegado municipal de Cultura y Fiestas Mayores de la recién constituida primera Corporación Municipal de la democracia, cuya primera edición se pone en marcha
en abril de 1980. Es interesante observar el proceso de diseño de la Bienal que partió
con la creación de un patronato en el que participaron a partes iguales representantes del Ayuntamiento de Sevilla y representantes de la Federación de Peñas Flamencas. En esas mismas elecciones locales de 1979, el Partido Socialista Obrero Español accede a la Diputación Provincial de Sevilla y pone en marcha un importante volumen de actividades a través de su recién creada delegación de cultura. Se buscaban nuevas iniciativas culturales y eventos que tuvieran una cierta repercusión en el conjunto de la provincia, la presencia en algunas ciudades españolas como San Sebastián, Barcelona y Vitoria de Festivales de Jazz con una proyección internacional y la presencia (aunque minima y no comparable naturalmente a la Bienal de Flamenco) de un colectivo estructurado en torno a la música de jazz, unido a circunstancias azarosas, hicieron
posible la puesta en marcha de ciclos dedicados a la música de jazz cuyas derivadas llegan hasta nuestros días. La base sobre la que se construyó el festival fue la de un grupo de jóvenes amigos aficionados al jazz que pertenecían a uno de esos colectivos
emergentes de la sociedad sevillana de la época, preocupados por la cultura, comprometidos con el cambio político, que intentában corresponder a ese movimiento continuo de la sociedad con nuevas iniciativas relacionadas con la difusión de una música  comprometida con los valores de un nuevo tiempo, que impulsaba la libre expresión y que era casi desconocida, al menos bajo esos parámetros en nuestra ciudad.

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La primera pregunta a la que tenía que responder el Colectivo Jazz Freeway era el modelo de Festival que quería impulsar y su dimensión . No se pensaba en un modelo de conciertos en espacios escénicos cerrados que en aquel tiempo sólo podían ubicarse en alguno de los teatros de la ciudad, ni tampoco  en actuaciones al aire libre dada la climatología previsible de un mes de noviembre en Sevilla.
Al final el espejo elegido fue el festival de Jazz de Cascais en Portugal que se celebraba en
un polideportivo. La opción era más compleja desde el punto de vista organizativo pero respondía mejor a la idea de Festival que el Colectivo había vivido en el festival de Cascais, es decir un espacio más informal donde el público se pudiera mover con mayor libertad y  permitiera sesiones largas con la actuación diaria de tres grupos. Al final la elección fue el desaparecido estadio municipal de Chapina, al que se calculaba un aforo de alrededor de cinco mil personas. La apuesta era arriesgada ya que era dificil una previsión mínimamente solvente de la capacidad de atracción que podría tener un Festival de Jazz en nuestra ciudad, entre otras razones porque no existía ninguna experiencia previa. No obstante, si se estaba convencido de que en Sevilla había público para la buena música, eran tiempos de avidez por lo cultural y el jazz tenía el atractivo suficiente, aunque sólo fuera por la novedad, para movilizar a un público poco acostumbrado a acceder a conciertos en directo de músicos de primer nivel.

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carnet y abono

La segunda cuestión era relativamente más fácil de responder, y era hacer una propuesta  de programa que respondiera a las expectativas que desde la Diputación Provincial se habían puesto en la celebración de un evento de estas características. Si se trataba de contratar músicos de primer nivel, estaba claro que la única opción era aprovechar la gira de otoño en Europa de los grupos de jazz de Estados Unidos que desde hacía una década alimentaban los Festivales de Jazz europeos y que tuvo su origen a principios de los 70’ en la gira de los músicos del Festival de Newport promovida por George Wein y que originó un flujo hacia Europa de músicos de jazz estadounidenses que se mantiene hasta nuestros días. Luis Villas Boas fue uno de los primeros promotores que pusieron en marcha estos festivales en el Cascais-Jazz de 1971. Detrás de cualquier gira estructurada existe un promotor que tiene la exclusiva para un país. En este caso el referente para España era Julio Martí promotor valenciano que iniciaba precisamente su andadura en ese negocio en 1980. Con estos elementos previos y con un viaje previo a Valencia a casa de Julio Martí, se elaboró un presupuesto con capacidad de afrontar un evento de tres días de duración y actuaciones de tres grupos cada día. El presupuesto presentado por el Colectivo Jazz Freeway y aprobado por la Diputación fue finalmente de 4 millones de pesetas de los cuales estaban dedicados a la contratación de músicos más del cincuenta por ciento.  El esquema de trabajo era totalmente casero lleno de buenas intenciones y voluntarismo en un contexto donde las horas de trabajo y la dedicación no tenían límite. El programa inicial que se presentó a la Diputación no fue el definitivo porque tuvo dos sensibles pérdidas. Por un lado la de dos músicos europeos que habíamos visto el año anterior en el Festival de Cascais, el violinista inglés Didier Lockwood y el bajista francés Henri Texier, previstos para el último día y sobre todo la de Archie Shepp y su cuarteto, a quien los miembros del colectivo tenían un especial interés en ver en Sevilla, aunque finalmente sería sustituido por un músico carismático que dejó una profunda huella en nuestra ciudad, el violinista francés Stephan Grappelli. En la propuesta inicial y siguiendo el esquema de la primera semana de jazz que organizó el Freeway el año anterior se habían previsto algunas actividades previas a los conciertos como alguna conferencia o proyecciones, pero finalmente se desechó la idea concentrándose toda la actividad en el polideportivo de Chapina circunscrita exclusivamente a los conciertos programados.

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La logística del Festival pasaba también por buscar los complementos necesarios que garantizasen los conciertos en condiciones adecuadas de visibilidad y de sonido, el acondicionamiento del polideportivo para un concierto de estas características fue realmente artesanal. Javier Gutiérrez Padilla actual responsable de las actividades culturales del CICUS y del Festival de Jazz de la Universidad de Sevilla, fue el responsable de la logística interna que pasaba por cubrir todo el parquet del estadio con tableros de aglomerado pegados con cinta aislante, colgar los cortinajes de terciopelo en el fondo del escenario que se cosiguió en un sitio de la calle Pagés del Corro donde alquilaban elementos de atrezo para teatro, colgar una inmensa pancarta de tela sobre las cortinas a base de alfileres, apoyarse en las empresas que en Sevilla se dedicaban, y algunas de ellas todavía se dedican a esos menesteres, es decir Quidiello, para las sillas que cubrían la cancha del polideportivo y Estructuras Tubulares YDE, para el montaje de un gran escenario. El piano de cola lo suministró, como en el resto de las ediciones, la empresa Isidoro Pianos. Pero el sonido era diferente, no se conocía en ese momento empresas en Sevilla que pudieran poner sonido a un gran festival en un espacio cerrado, difícil de sonorizar y para un tipo de música no basada en la potencia de watios disponible sino llena de matices acústicos que necesitaban ser destacados. La solución, una vez más, no pudo ser más casera e improvisada. Un chaval catalán que estaba haciendo la mili en Sevilla y al que un componente del Colectivo daba refugio cuando podía salir del cuartel. Ramonet tenía una empresa de sonido en Barcelona llamada “Sonet” que hacía bolos en Cataluña y que nos aseguraban tenían experiencia suficiente en la sonorización de conciertos acústicos de gran formato. Era una solución en aquellos momentos y se llegó a un acuerdo por un buen precio y “Sonet” se hizo cargo finalmente del sonido del I Festival Internacional de Jazz de Sevilla con anécdota incluida: la furgoneta que bajaba de Barcelona con todo el equipo de sonido se averió y llegó casi 24 horas después de lo previsto, al alba del mismo día que empezaba el concierto, después de una larga, larguísima noche de espera para todos los miembros de Freeway.

Otro tema que solucionar era la cartelería y también en esa ocasión se optó por una solución práctica, se hizo una selección de las diapositivas de los Festivales de Jazz de Cascais y San Sebastián y al final se eligió una foto de Luis Castilla que correspondía al Festival de San Sebastián del año 74 de una memorable sesión de Fatha Hines Meets Kansas City’s Stars. Como programa de mano se hizo un humilde tríptico en el que había un pequeño resumen de los diferentes grupos que iban a actuar y el trabajo de impresión se encargó a la imprenta Haro de Sevilla. Había que montar un Festival de Jazz Internacional en poco menos de cuatro meses y  muchos detalles que tener en cuenta, la identificación de organizadores y prensa siguió el mismo modelo que Cascais, los traslados de músicos desde el aeropuerto al hotel y al concierto lo organizamos con los propios coches de los miembros del Colectivos y los de algunos amigos, se elaboraron dossieres completos de cada uno de los grupos para los medios de comunicación y se movilizó prensa y radio para dar el máximo de difusión al evento. Fueron meses de una gran actividad, con sensaciones encontradas sobre cuál iba a ser el resultado del  esfuerzo.

El viernes 28 de noviembre de 1980 comenzó la andadura de un festival que nacía, como decía la presentación del programa, “un festival de jazz para convertir a Sevilla en la Ciudad del Jazz en Otoño”, durante un largo tiempo fue así y todo ese tiempo Sevilla se abrió a una música, para ella extraña, pero que rápidamente fue absorbida por una ciudad que despertaba. La expectación creada fue importante y se vendió todo el taquillaje  puesto a la venta, el cálculo fue que asistieron más de cinco mil personas, se supo que hubo falsificación de entradas y sobre todo falsificación de invitaciones, lo cual creó algunos problemas para ubicar a tanta gente en un estadio abarrotado. Alrededor del estadio de Chapina tuvo que intervenir la policía ya que había mucha gente que quería entrar sin entrada. Fueron unos momentos tensos que afortunadamente no llegaron a mayores pero que sirvieron de aprendizaje para incorporar muchas modificaciones en la organización de la segunda edición del festival al año siguiente.

 

JAZZ Los carteles

 

II Festival 1981

La segunda edición del Festival Internacional de Jazz de Sevilla se celebró igual que la primera, en noviembre: concretamente los conciertos se celebraron el 27, 28 y 29 de noviembre de 1981, aunque en esta edición el festival contó con iniciativas colaterales de tal manera que las actividades del festival realmente comenzaron el sábado 21 de noviembre. La segunda edición, como podía esperarse, fue menos improvisada
y el Colectivo Jazz Freeway pudo hacer efectivas muchas de las lecciones aprendidas de la primera. El primer elemento que se afrontó fue el cambio de escenario. Hubo problemas para renovar el Polideportivo de Chapina como lugar de celebración de los conciertos ya que se aducía el posible deterioro del parquet de la pista a pesar de la protección que se le puso. De hecho el Ayuntamiento de Sevilla llegó a publicar una norma en la que se prohibía explícitamente el uso del estadio para todo uso distinto al deportivo. Las gestiones para buscar una alternativa se hicieron  con la Universidad de Sevilla, que ya había colaborado en la organización de las Jornadas de Jazz. Era un escenario similar al polideportivo donde se celebraba el Jazz Cascais de
Portugal aunque con un aforo significativamente menor que el estadio de Chapina, alrededor de 2.500 personas. Las negociaciones con la universidad llegaron a buen puerto y finalmente quedó fijado el polideportivo de la Escuela Superior de Arquitectura de Sevilla como sede del festival, sede que albergaría finalmente la segunda, tercera y cuarta edición. Se optó  igualmente por incorporar algunas modificaciones organizativas.

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Tarjeta identificativa para los miembros de la organización del Festival Internacional de Jazz de Sevilla

Desde luego se incluyeron vallas protectoras y circuitos vallados de acceso para el público con el objeto de evitar los problemas de seguridad que se habían producido en la primera edición y se hizo un estricto control del taquillaje para evitar posibles falsificaciones de entradas. En cuanto al programa se decidió eliminar la actuación
de los grupos locales en la apertura de cada día dejando dos grupos internacionales
por día. Esto que tuvo su polémica por parte de los músicos de Sevilla permitía un horario más razonable y poder sacar un mayor margen para poder disfrutar de los grupos de primer nivel. En la primera edición hubo verdaderos problemas para cumplir horarios y, además, los conciertos se alargaban a veces hasta 5 o 6 horas.

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Pegatina de la segunda edición del II Festival Internacional de Jazz de Sevilla

Otra modificación introducida en esta segunda edición fue la de incorporar al festival otras actividades que sirvieran para su difusión. En esta ocasión se convocó un concurso de carteles para fijar la imagen del festival, concurso que ganó José Manuel Palou precisamente con una foto de la actuación del saxofonista Johnny Griffin
en la primera edición del festival. La exposición de los carteles que concursaron quedó
instalada en la sede la Diputación Provincial desde unos días antes al comienzo de los conciertos.  También se llegó a un acuerdo de colaboración con Radio Cadena Española
para desarrollar un especial dedicado al Festival durante doce horas “Doce horas de Jazz” que lideró José Luis Jurado el sábado día 23 de noviembre y por la que pasaron los miembros del Colectivo Freeway a hablar con José Luis de la música y de los músicos que iban a actuar en esta segunda edición.

 

También se  programó un concierto de  presentación del Festival que tenía el doble objetivo de hacer una difusión del festival en la ciudad a través de la música en directo en espacios abiertos y, por otra, dar un hueco a músicos de jazz andaluces, que habían quedado excluidos de las actuaciones del polideportivo de Arquitectura. Finalmente este concierto presentación se hizo con acceso libre en la plaza de San Francisco con el Cuarteto malagueño “Onice”, grupo formado por Antonio Cal saxos, tenor y barítono y flauta, Jorge López guitarra, Alejandro Bode contrabajo y Juan Larrubia batería. La logística también cambió y en esta ocasión se hizo cargo del sonido una empresa andaluza llamada Aroal, representante del sonido “Bose” en nuestra ciudad. El reparto de tareas se volvió a distribuir entre los miembros del colectivo incorporando formalmente a Pepe Mateos Rubio para coordinar todo el traslado de músicos y a Javier Gutiérrez Padilla como responsable de la organización interna y accesos del polideportivo. También esta vez colaboraron algunas instituciones y empresas como la Caja de Ahorros San Fernando de Sevilla, La Universidad de Sevilla y Radio Cadena Española.

El programa seleccionado volvió a responder a las expectativas que Freeway había planteado: seis grupos que podrían mantener e incluso superar el nivel de la primera edición. Músicos relevantes en la historia del jazz que traían a Sevilla una visión rompedora con las tradiciones establecidas, influenciadas e influyentes sobre nuevas tendencias en la música, en la pintura, en el cine o en la literatura, una música expresión de una modernidad
que comenzaba a adentrarse en un nuevo tejido social más abierto a influencias
y mixturas.

 

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III Festival cartel 1982

III Festival 1982

La tercera edición del Festival también se realizó en el Polideportivo de Arquitectura, aunque desde el colectivo Freeway intentábamos buscar una mejor ubicación ya que el aforo era pequeño. Alrededor de unas dos mil quinientas personas, insuficientes para las expectativas que el jazz levantaba en ese momento en Sevilla. De hecho, en Chapina habíamos llegado a los cinco mil asistentes. Por primera vez la prensa se hace eco de estos elementos de logística. El estadio de Chapina estaba vetado por un decreto
municipal que prohibía específicamentesu utilización para actividades extradeportivas,
sí estuvimos buscando otras alternativas como la utilización de unos hangares de la empresa CASA, pero al final las negociaciones no fructificaron.

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Por primera vez también se habla en la prensa de presupuestos y de los problemas que la subida del dólar nos estaba causando para cerrar el programa. Efectivamente los contratos con los músicos se cerraban meses antes del festival y su caché se comprometía en dólares por lo que cualquier fluctuación al alza de la moneda norteamericana amenazaba seriamente el presupuesto que habíamos cerrado con la Diputación. De hecho el titular de ABC de la época hablaba de recortes en la programación del festival a causa de la subida del dólar, cuestión que no era exactamente así, ya que no existieron tales recortes, tan sólo renunciamos al desarrollo de algunos actos paralelos como proyecciones de películas en torno al jazz y una exposición fotográfica sobre el festival, que al final no se realizó más por razones logísticas que presupuestarias. El presupuesto presentado por la Diputación fue de siete millones ochocientas mil pesetas lo que nos permitió construir un programa razonable dentro del objetivo que habíamos planteado desde el Colectivo Freeway de traer a Sevilla jazz de alto nivel, donde primaba más la calidad y el aporte de innovación en los contenidos musicales que la notoriedad de los músicos. De todas formas, era interesante que este tipo de polémicas empezaran a surgir en los medios, que por otra parte nos recordaban situaciones similares vividas en el festival de jazz de Cascais cuya programación anual, que hacía Villas Boas, era sometida a escrutinio y crítica pública a veces muy apasionada.

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En esta edición la apertura del festival se hizo en un escenario abierto; en este caso en el Patio Banderas en la puerta de la Judería del Barrio de Santa Cruz y muy cerca de la sede de la Diputación Provincial de Sevilla. La presentación del festival se hizo el domingo 14 de noviembre unos días antes de los conciertos en el polideportivo que se celebraron el 19, 20 y 21 de noviembre de 1982. La actuación estuvo a cargo del llamado “Colectivo de Músicos de Jazz de Sevilla” en el que se agrupaban algunos grupos locales como Sótano Jazz Quartet, Albanta Jazz y ACME Quartet en los que participaron músicos como Paco Aguilera, Joaquín Galindo, Jesús Espinosa, Manolo Calleja, Jimmy Castro, Manolo Vargas, Sergio Rodríguez, Pitito Maqueda, Juan de la Oliva, Ángel de Jesús, Manolo Morillo y algunos más, como Silvio Fernández, icono del rock sevillano, al que vemos en una foto captada y publicada en la prensa como parte del colectivo de músicos que actuaron esa noche. Realmente el concierto se convirtió en una verdadera jam session a la cual se acercó mucho público como preámbulo a un tiempo de jazz que ya se esperaba en el otoño de Sevilla. En esta ocasión decidimos encargar el cartel de la tercera edición del Festival a algúnartista de Andalucía, queríamos una visión más profesional de la imagen del festival y nos fijamos en uno de los carteles que más nos había gustado del concurso convocado en la segunda edición. Fue el inicio de una intensa y dilatada relación con Manolo Cuervo, artista onubense, afincado en Sevilla, que a partir de ese año comenzaría una larga colaboración con el festival de jazz haciendo la cartelería y el diseño de los programas de mano del resto de ediciones, trabajo que se continuaría con otros ciclos de jazz que se realizaron en nuestra ciudad. Los diseños de Manolo Cuervo le dieron una seña de identidad al festival y, por otra parte, constituyeron una fuente de inspiración continua para su propia obra. Recientemente ha realizado una exposición
retrospectiva de todo su trabajo en torno a la música de jazz por diferentes puntos de
Andalucía que ha cosechado un notable éxito.

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Antonio Torres y Jose Antonio Chacón con Manolo Cuervo en su estudio

 

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IV Festival 1983

La cuarta edición del Festival Internacional de Jazz de Sevilla se desarrolla en un momento interesante de la vida cultural y política de la ciudad, en mayo de aquel año se habían celebrado las elecciones municipales y el Partido Socialista Obrero Español cosechó una importante victoria en la ciudad de Sevilla haciéndose con la alcaldía y obteniendo 19 concejales. Esto hizo que Manuel del Valle Arévalo, hasta
entonces Presidente de la Diputación Provincial, accediera a la alcaldía de Sevilla y que el hasta entonces Vicepresidente de la Diputación Provincial Miguel Ángel Pino Menchén
se hiciera cargo de la presidencia. Este cambio en la estructura política de la ciudad en principio no parecía que tuviera ningún impacto sobre la organización del Festival Internacional de Jazz de Sevilla, justo al contrario Miguel Ángel Pino había sido realmente el impulsor en su inicio de la celebración de un evento de estas
características en Sevilla y la alcaldía por parte de Manuel del Valle podría permitir la sinergia de esfuerzos para el mantenimiento e incluso incremento del apoyo de las instituciones al festival. Y de facto fue así, aunque este hecho significara en un horizonte no muy lejano la salida del Colectivo Jazz Freeway de la organización del festival. En efecto, a partir de este año 1983, se empieza a producir un proceso de institucionalización del festival que culminaría en 1985. La cultura se convierte en un elemento estratégico para las organizaciones políticas en el proceso de construcción del recién estrenado estado democrático en España, una vía para acceder a la modernidad y provocar un acercamiento a Europa. Esta estrategia que se hace evidente sobre todo con el acceso al poder de la izquierda en 1982 en todo el Estado, también es compartida y estimulada incluso antes desde el poder municipal y autonómico. Todo este proceso requiere por parte de las instituciones promover la creación de estructuras, que
anteriormente eran prácticamente inexistentes, que pudieran gestionar todas las actividades culturales financiadas desde las instituciones y que ya tenían una intencionalidad al formar parte de una estrategia explícita de impregnación
cultural como seña de identidad en el diseño de las políticas que las instituciones
querían transmitir a sus ciudadanos. La primera señal inequívoca de este proceso que se ponía en marcha se recogía en el programa de mano de esta edición del festival donde aparecía por primera vez, junto al Colectivo Freeway, en la organización del festival, el Departamento de Cultura de la Diputación Provincial que daría paso posteriormente a un ente instrumental como fue la Fundación Luis Cernuda.

Por primera vez el festival se celebraba en los primeros días de diciembre, exactamente los días 2, 3 y 4, en la misma ubicación del Polideportivo de Arquitectura, aunque sería la última vez que éste lo acogiera. El programa de mano también introducía alguna innovación como la incorporación al final de un glosario de términos jazzísticos que elaboró José Luis Jurado locutor en aquel tiempo de Radiocadena Española, recientemente fallecido, y además una selección de la discografía editada en España de los músicos que tocaban en esta edición que elaboró también José Luis Jurado y miembros de Freeway , y que acompañaba a los textos  incluidos en el programa . También se incluía la clasificación de músicos de los diferentes instrumentos del año que incluia la revista Down Beat. Además de los anunciantes que participaron en la anterior edición es interesante reseñar la incorporación de un anuncio de la revista “Quartica Jazz” que desde Barcelona quería incrementar el número de suscriptores y que debió pensar que Sevilla era sitio interesante para captarlos. El sonido del festival de nuevo cambió haciéndose cargo del mismo una empresa sevillana llamada Audio Trans.

Por primera vez se produjo un estreno mundial en el festival a cargo del trompetista Lester Bowie con su Brass Fantasy:

La prensa de esos días recogía una fuerte crítica de los músicos locales por estar excluidos del programa dedicado en exclusiva a formaciones internacionales, aunque su presencia en el programa principal sólo ocurrió en la primera edición.

El país. reseña del festival

ABC. Reseña del Festival

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V Festival 1984

El quinto Festival Internacional de Sevilla en 1984 va a significar el final de una etapa en la historia del festival, es la última edición que el Colectivo Jazz Freeway organiza y culmina un proceso de institucionalización que era común en otros ámbitos y que con respecto al festival de jazz se había iniciado de forma clara en la edición anterior. Las instituciones toman conciencia de la importancia de la cultura como instrumento de difusión de sus políticas y se crean estructuras para gestionar el número creciente de infraestructuras y proyectos culturales que iban creciendo en la ciudad. En efecto, en 1984 se crea por la Diputación Provincial la Fundación Luis Cernuda que, entre otros múltiples cometidos, asumió la responsabilidad de organizar el Festival Internacional
de Jazz de Sevilla. También ese mismo año ocurre otro hecho importante y es
la aparición de Cita en Sevilla organizada por el Ayuntamiento y que, junto con la Bienal de Flamenco, el Festival Internacional de Jazz y el Festival de Itálica, configuran una oferta musical para la ciudad de unas dimensiones hasta entonces desconocidas. Cita en Sevilla se celebraba en mayo como colofón de las fiestas de primavera de la ciudad y agrupaba una serie de conciertos de diferentes tipos de música pero siempre con una presencia importante de figuras de primer nivel. La programación desde el principió incluyó música de jazz. En el excelente blog “Blogin’in the win” se puede recabar información y más que información de la historia de Cita en Sevilla haciendo un recorrido muy completo por uno de los momentos culturales, desde la perspectiva
musical, más importantes que vivió la ciudad de Sevilla constituyendo un verdadero ensayo para lo que significaría más adelante la Expo 92. En la programación de esa primera cita en Sevilla actuaría B.B. King quien abriría la Cita de ese año, pero no iba a ser el último ni el más importante ya que por Cita en Sevilla pasaron grandes figuras del jazz sobre todo Miles Davis al año siguiente, en una programación que también contaría con Abdullah Ibrahim y Paquito de Rivera, o el Modern Jazz Quartet, Chick Corea y otros muchos a lo largo de sus ocho ediciones.

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blogin in the wind (Cita en Sevilla)

El escenario del festival de jazz también iba a ser distinto y precisamente se iba a compartir ese año con Cita en Sevilla pero en su versión de invierno. Efectivamente el solar del antiguo cuartel de la Real Maestranza de Artillería se convierte durante algunos años en una ubicación efímera para eventos musicales que parece actuaron de cimientos premonitorios de su definitivo destino como la más importante infraestructura cultural de nuestra ciudad bajo su denominación definitiva como Teatro Maestranza de Sevilla. Realmente era un solar en un lugar emblemático cuya utilización para Cita en Sevilla podía concebirse sin demasiado problema al aire libre ya que se celebraba en mayo, pero con un planteamiento muy diferente para el Festival Internacional de Jazz que se organizaba en noviembre y, por lo tanto, había que descartar que se pudiera celebrar al descubierto. La solución fue el montaje de una carpa de circo en el solar con una capacidad para alrededor de 2.000 personas que probablemente no fue la mejor solución, pero permitía hacer el festival en un momento de fuerte competencia de eventos musicales en la ciudad.

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El Festival Internacional de Jazz de Sevilla intentaba conservar su hueco en un momento de claro protagonismo de las instituciones públicas que competían por ofrecer a los ciudadanos de Sevilla una oferta cultural sin precedentes. Esta edición también recuperó la presencia de grupos locales a través de una iniciativa interesante como fue la de organizar la I Muestra de Grupos de Jazz Andaluces que permitió contar con grupos
de Sevilla, Granada y Málaga actuando en diferentes distritos municipales de la ciudad
con lo que buscaba una mayor implicación de los barrios en una oferta cultural que
lograra una mayor penetración y accesibilidad a los ciudadanos de Sevilla. La muestra también quería dar una mayor visibilidad a músicos andaluces que empezaban a tener presencia en algunos locales donde había una oferta de música en directo y que habían participado ya en algunas iniciativas formativas que se habían puesto en marcha en forma de seminarios o talleres como los organizados con el Taller de Músicos de Jazz de Barcelona. Además de las actuaciones en los distritos municipales se volvió a recuperar la presentación del festival con la actuación de todos los grupos andaluces en el Patio de Banderas. En esta I Muestra de Jazz Andaluz pudimos escuchar al grupo de Granada “Combo Jazzta” formado por el guitarrista Kiko Aguado, el piano de Luis Poyatos, el bajo de Nicolás Medina y el batería Julio Pérez; el ya conocido en Sevilla “A.C.M.E. Jazz Quartet” formado en torno al trompetista puertorriqueño afincado en Sevilla Ángel “Chico” de Jesús acompañado de Pitito Maqueda a la guitarra, Manolo Rosa al
bajo y Manuel Marinelli a la batería; y finalmente el grupo malagueño “Oleo Jazz” con
José Javier Denis al saxo, Rafael Benzo guitarra, Francisco Posé al contrabajo y Amador
Martín a la batería. Un conjunto de músicos que eran la base de un incipiente acercamiento de los músicos andaluces a la música de jazz, tocando en diferentes locales que empezaban a proliferar por las ciudades andaluzas sobre todo las que contaban con un Festival de jazz anual.

 

Se había terminado la V edición del Festival Internacional de Jazz de Sevilla. No moriría
con ello el festival, ya que se hicieron hasta quince ediciones, pero sí murió una forma de
entender los festivales de jazz y sobre todo murió una iniciativa que había nacido casi quince años antes para difundir la música de jazz en nuestra ciudad y que había puesto su granito de arena para que se pudieran abrir nuevos caminos gracias a los cuales el jazz sigue siendo un elemento expresivo vivo hoy en Sevilla que sobrevive, quizás a duras penas, hasta nuestros días. El Colectivo de Divulgación Cultural Jazz Freeway cumplió su ciclo y desapareció, si no formalmente, sí de facto, cuando terminó esa quinta edición. No hay que olvidar que Freeway era sobre todo un grupo de amigos aficionados al jazz y, por lo tanto, nada profesionalizados en el campo de la gestión cultural. Es lógico pues pensar que dentro del proceso de institucionalización de la cultura que trajo la democracia en nuestro país, se fueran intercambiando estas iniciativas “voluntaristas” por otras más profesionalizadas. En el caso de la Diputación Provincial de Sevilla este hueco lo vino a cubrir, como ya se ha mencionado, la Fundación Luis Cernuda. La quinta edición del Festival no fue más que un intervalo de transición que permitiera a los nuevos responsables de la Fundación hacerse con la responsabilidad exclusiva en la organización de estos eventos culturales. No obstante, el proceso no fue brusco y la desaparición del Colectivo Freeway obedeció también a otros factores más cotidianos.
Efectivamente gran parte de los miembros de Freeway terminaron sus estudios universitarios y por lo tanto su actividad profesional cambió radicalmente. Sólo en los casos de Antonio Lora y Miguel Ángel González hubo una cierta continuidad ligada a la actividad cultural , Antonio siguió ligado a la gestión cultural ingresando en el Área de Cultura y Deportes del Ayuntamiento de Sevilla y Miguel Ángel González siguió colaborando en la programación y gestión del festival, pero ya en el seno de la Fundación Luis Cernuda a la que estuvo ligado en diferentes proyectos. Realmente Miguel Ángel fue el único de todos los miembros del colectivo que decidió dedicarse
profesionalmente a la gestión cultural,decisión que le ha acompañado hasta nuestros
días en que su empresa de gestión cultural Actidea organiza eventos tan emblemáticos como “Las Noches del Alcázar” en Sevilla.
El colectivo Jazz Freeway cubrió una etapa necesaria e interesante, la de una época donde las iniciativas culturales estaban a pie de tierra, iniciativas espontáneas que partían del escaso tejido asociativo cultural que existía en aquellos tiempos en Sevilla, sobre todo para expresiones culturales tan “exóticas” como pudiera considerarse en aquel momento la música de jazz. Fue un trabajo que fue consolidándose a través de toda una década, desde las primeras audiciones en Casa Damas hasta los Festivales Internacionales de Jazz y que fue incorporando referencias año a año, para disfrute de los aficionados a la música en general, a través de canales diferentes, audiciones,
radio, artículos de prensa y sobre todo conciertos en directo. La actividad de Freeway
logró introducir e incluso popularizar en algunos círculos, un tipo de jazz poco habitual,
representativo de una revolución musical que se estaba produciendo desde los años 40’ en los Estados Unidos de América y que tenía como seña de identidad la libertad expresiva, la capacidad de improvisación y la capacidad de transmitir emociones. El be bop, el cool, el hard bop, el free jazz y finalmente la fusión eran los contenidos esenciales de los diferentes eventos donde el Colectivo Jazz Freeway estuvo presente. Eso es importante porque fue una opción deliberada y conscientemente puesta en práctica por sus miembros a la hora de elaborar guiones o programaciones de los distintos eventos. Por supuesto no estoy afirmando que las actividades del colectivo Freeway fueran las únicas vías de difusión del jazz moderno en nuestra ciudad, pero posiblemente
sí las que mayor proyección llegaron a lograr. De hecho las primeras ediciones de los
Festivales Internacionales de Jazz fueron probablemente las primeras oportunidades para el público sevillano de poder ver en directo a músicos de jazz de primer nivel, a músicos que constituían la vanguardia del jazz en todo el mundo. Todo esto era posible gracias a una programación elegida con criterios determinados que optaban casi siempre por opciones de vanguardia frente a otras más conservadoras. Otra derivada importante de la presencia de los festivales de jazz eran las posibilidades creadas para los músicos de Sevilla que tenían la oportunidad de incorporar a su música nuevas influencias. El festival posiblemente fue impulsor de inquietudes musicales que
animaron a músicos de nuestra tierra a adentrarse en los caminos de la improvisación y
la fusión pero además a hacerlo a través de experiencias docentes concretas, como el
desarrollo de los diferentes seminarios que se organizaron en el entorno del festival que
permitieron una convivencia estrecha entre los músicos locales y músicos de la vanguardia del jazz internacional que seguro establecieron alianzas y complicidades que fueron transmitidas a la música que tocaban. Al rebufo del festival surgieron locales que hacían, posible que los músicos de Sevilla tuvieran, escenarios de expresión cotidianos, el Violonchelo, el Tartufo, el Be Bop y posteriormente Blue Moon, Panecitos, Acuarela, Tatamba, Orfeo, Contrapunto o El Patio, entre otros, eran espacios con música de jazz en directo donde músicos y aficionados mantenían un contacto durante todo el año y eran un reflejo de un interés sostenido de los aficionados por esta música que lamentablemente fue descendiendo en los años posteriores al mismo ritmo que fueron desapareciendo igualmente estos locales de tal manera que actualmente tan solo nos queda, casi de forma heroica, el esfuerzo del guitarrista “Pitito” Maqueda al
frente del “Jazz Corner” en un polígono industrial y la presencia ya consolidada del “Naima” gracias a la tozudez de Jorge Moreno en las cercanias de la Alameda de Hércules. Freeway fue un símbolo, entre otros muchos de la época, de la gestión cultural artesanal. Eran tiempos donde todo interesaba, donde pesaba más la ilusión por el proyecto que los intereses particulares, una época irrepetible con nuevas generaciones implicadas en la implantación de cambios, pasión por lo que se hacía, un cierto
romanticismo en la concepción de las acciones y una cierta inocencia en su ejecución. Sin embargo el resultado fue más que aceptable, la intención de crear una cierta cultura jazzística en la ciudad y establecer un espacio estable para una afición que crecía se logró, aunque posteriormente no se pudiera mantener todo lo que hubiéramos deseado. Tiempos de gente anónima que desarrolló una actividad necesaria en una sociedad carente de referencias (para el jazz no había muchas) y que cubrieron una etapa que aporta muchas pistas para poder entender los acontecimientos que se produjeron y
se siguen produciendo en torno al jazz en nuestra ciudad. Alrededor del colectivo Jazz Freeway había un grupo de amigos y aficionados al jazz que desde diferentes paraguas institucionales han seguido implicados en el desarrollo de eventos en torno a la música de jazz. Comenzaban tiempos diferentes pero con una afición que seguía respondiendo y una música que seguía más viva que nunca.

Fundación Luis Cernuda

Con la creación de la Fundación Luis Cernuda en 1983 en el seno de la Diputación
Provincial de Sevilla se da el paso definitivo para la institucionalización
de los eventos culturales dependientes de esta entidad. La iniciativa parte del
nuevo Presidente de la Diputación Miguel Ángel Pino que, como se ha relatado
anteriormente, fue el impulsor del Festival Internacional de Jazz cuando
ocupaba la vicepresidencia de la misma.
Se trataba de crear un ente instrumental que gestionara, evitando las rigideces
administrativas consustanciales a la función pública, la creciente actividad cultural que se impulsaba desde la Diputación y los compromisos que ésta iba adquiriendo en la gestión de las nuevas infraestructuras culturales que se iban desarrollando en la ciudad y en la provincia. Esto significó la entrada de nuevos actores e interlocutores en la gestión de los eventos y nuevas maneras de hacer las cosas. Eduardo Rodríguez fue nombrado director gerente de la nueva fundación y un viejo conocido del Freeway, José María Mellado Damas, fue designado como director musical y, por lo tanto,
responsable directo de la gestión del festival de jazz aunque Miguel Ángel González y Antonio Lora, ambos miembros de Freeway siguieron, en un principio, directamente ligados a la organización del festival en todo lo que tenía relación con la selección de los grupos y la producción del mismo, asegurándose de esa manera una cierta línea de continuidad con las ediciones anteriores sobre todo en lo referido a la programación, pero con una mayor visibilidad institucional ya que la Fundación Luis Cernuda quedaba como única organizadora del evento. El Festival Internacional de Jazz de Sevilla era a esas alturas un ciclo de música consolidado en la ciudad que convivía con otros acontecimientos importantes en los que también tenía una participación directa la Diputación Provincial de Sevilla y la Fundación Luis Cernuda como eran la Bienal de Flamenco, el Festival de Música y Danza de Itálica (en el que también había participado Freeway en los conciertos del batería Max Roach y el saxofonista Phill Wood) o el propio Festival Internacional de Cine de Sevilla que también inició su
andadura en 1980 y por supuesto la convivencia con la iniciativa municipal de Cita en Sevilla a partir de 1984, que incorporó igualmente una interesante programación de jazz en cada una de sus ediciones. Por lo tanto, la oferta cultural, en lo referente a la música, de la ciudad de Sevilla atravesaba en esos momentos una de sus etapas de mayor esplendor y bajo su luz nació la Fundación Luis Cernuda como ente instrumental
que debía gestionar gran parte de esta inmensa oferta cultural. Probablemente uno de los hándicaps más importantes que tenía esta gestión de acontecimientos culturales en ese final de la década de los 80’ fue la escasez, casi inexistencia, de infraestructura
cultural estable de cierta entidad y de titularidad pública que pudiera albergar
este tipo de eventos multitudinarios. Se tuvieron que improvisar solares efímeros como el solar de la Maestranza de Artillería o el Prado de San Sebastián o el nuevo polideportivo Municipal, el de San Pablo, que albergó alguna
de las ediciones del festival de jazz en los finales de los 80’. Sin duda esto tuvo sus consecuencias en el devenir del Festival Internacional de Jazz de Sevilla que tuvo que afrontar una larga peregrinación por locales diferentes, alguno de ellos poco adecuados para escuchar música y con un aforo muy variable, hecho éste que tenía sus consecuencias presupuestarias ya que el escaso aforo de locales como el cine Andalucía, la sala Apolo o el propio Lope de Vega no permitían cubrir en una parte razonable
el caché de cada uno de los artistas que actuaban y que seguían siendo de primer
nivel. Otro elemento a tener en cuenta es que el proceso de institucionalización de la actividad cultural no era acompañado de un proceso paralelo de profesionalización de la gestión de lo cultural, no había, todavía, profesionales dentro de la instituciones con una mirada a largo plazo de lo que significaba la gestión de un proyecto cultural para la ciudad a través de un ente instrumental y eso se notó. A pesar de todo ello el Festival Internacional de Jazz de Sevilla siguió su andadura hasta su XV edición de la mano de la Fundación Luis Cernuda, manteniendo un alto nivel de calidad en sus contenidos y encaminándose a la cita del 92, culmen de tantas cosas y comienzo de la decadencia
de tantas otras.

cartel 1985

VI Festival 1985

La nueva etapa del festival comienza, una vez más,  con un cambio de escenario. El mantenimiento de un local efímero como fue la carpa de circo del solar de la Maestranza, donde se ubicó la quinta edición del festival no parecía ser posible
ni tampoco recomendable. La verdad es que las condiciones acústicas no eran las más
adecuadas, además de las quejas recibidas por los ruidos que venían del bar situado en el fondo. No era fácil en la Sevilla de aquellos tiempos encontrar locales que pudieran albergar eventos musicales de gran formato en espacios cubiertos, fuera de los ya ensayados polideportivos donde la acústica todavía era peor y donde las relaciones con los responsables del municipio, que ostentaban la titularidad de la mayoría de las instalaciones deportivas de cierto tamaño de la ciudad, no pasaban por su mejor momento. La nueva ubicación elegida fue el ya desaparecido Cine Andalucía
situado en el número 17 de la Ronda de Capuchinos. Esta decisión de alguna manera
rompía con una forma de ver el festival como espacio más abierto donde el público
se movía, podía tomar una cerveza y fumar (en aquellos tiempos) a la vez que escuchar
la música, en síntesis poner el acento en lo festivo que la propia palabra indica, pero sobre todo donde el aforo podía dar respuesta a un público que crecía en número y en interés por el jazz, siendo el festival un foco de convergencia para aficionados de otras provincias más allá incluso de Andalucía. En este nuevo escenario el aforo tenía que ser, obligatoriamente, significativamente más restringido. Por otro lado la infraestructura para montar un festival de jazz en lo que hasta ahora había sido un cine de barrio no era nada adecuada: el escenario era pequeño de poca profundidad y no existían camerinos para los músicos, cuestión que hubo que improvisar a base de estructuras de madera y toldos de camión en un patio anexo a una de las puertas que daban al escenario. Realmente daba escalofrío pensar como se iba a tomar una diva del jazz como era Sara Vaughan un “camerino” de esas características. Por pensar en positivo  el sonido podría
mejorar en comparación a los polideportivos de donde procedíamos y que el público
estuviera más concentrado en las actuaciones. Realmente era un concepto de concierto, que es el que predomina claramente hoy en día en las actuaciones de jazz que se ofrecen en Sevilla, y en la mayor parte de los ciclos de jazz que hay en nuestro país, aunque afortunadamente todavía se conservan espacios más informales donde la complicidad entre los músicos y el público está sustentada en intangibles difíciles de explicar y que a los que los vivimos nos produce una cierta nostalgia, un ejemplo de ellos sin duda es la Plaza de la Trinidad utilizada permanentemente en su dilatada historia de casi cincuenta años por el festival de Jazz de San Sebastián. El diseño del cartel y del programa y por lo
tanto la imagen del festival seguía en las manos de Manolo Cuervo y lo seguiría siendo en el futuro hasta la última edición, una seña de identidad que se mantenía y que consiguió uno de sus mejores trabajos para esta edición con un cartel de gran formato y excelente calidad de papel e impresión que realmente daba pena destinarlo a una valla publicitaria.

 

 

 

 

Nuevos protagonistas en la organización. El director gerente de la fundación
Luis Cernuda era Eduardo Rodríguez y se asignó la responsabilidad de director musical
a un viejo conocido, José María Mellado, ligado al área de cultura de la Diputación
Provincial, con quien habían iniciado las primeras audiciones del Colectivo Freeway
en la Casa Damas de la calle Asunción, local que pertenecía a su familia. José María seguiría ligado a la música de jazz manteniendo la dirección, durante toda su trayectoria profesional de otras iniciativas en torno a la música de jazz, sobre todo en lo referido al Festival de Jazz de la Provincia también dependiente de la Diputación Provincial de Sevilla. En la producción técnica seguía vinculado Miguel Ángel González, miembro destacado del colectivo Freeway en quien recaía la responsabilidad de la programación y gran parte del peso de la organización. Esto garantizaba el mantenimiento de la línea de calidad seguida en la programación en las anteriores ediciones del festival. Los textos del programa fueron elaborados por el propio Miguel Ángel González, Antonio Lora, también miembro de Freeway, José Luis Jurado, periodista ligado a Radiocadena
Española en Sevilla y conductor, en aquella época, del programa de jazz “Swing”,
que se anunciaba también en el programa de mano del festival, y José Antonio Chacón periodista en aquellos tiempos de Diario 16 deAndalucía que nos había sustituido a Freeway en el programa de radio de la Cadena SER. Las reseñas de cada uno de los músicos en el programa de mano aportaban como novedad una selección de discografía de cada uno de ellos, elemento que  fue muy bien recibido por los aficionados. En esta ocasión el programa tenía alguna colaboración externa incluso de nivel nacional como era el Ministerio de Cultura, también local, el Ayuntamiento de Sevilla y cosa curiosa la aparición de un banco, el Banco Meridional. Una última novedad fue la ampliación de los días de conciertos en uno más: el festival duraría por primera vez cuatro días, aunque en esta ocasión no se realizó ningún concierto de presentación con músicos
locales en diferentes escenarios, como había sido la norma de casi todas las ediciones anteriores. Era una época de transición entre dos modelos donde alguno de los actores había desaparecido y los nuevos protagonistas no estaban familiarizados con un evento de claves diferentes a los de un concierto al uso, el festival no salió de las paredes del cine Andalucía y eso se notó.