Desaparición Colectivo Jazz Freeway. La Institucionalización del Festival de Jazz. Fundación Luis Cernuda

Se había terminado la V edición del Festival Internacional de Jazz de Sevilla. No moriría
con ello el festival, ya que se hicieron hasta quince ediciones, pero sí murió una forma de
entender los festivales de jazz y sobre todo murió una iniciativa que había nacido casi quince años antes para difundir la música de jazz en nuestra ciudad y que había puesto su granito de arena para que se pudieran abrir nuevos caminos gracias a los cuales el jazz sigue siendo un elemento expresivo vivo hoy en Sevilla que sobrevive, quizás a duras penas, hasta nuestros días. El Colectivo de Divulgación Cultural Jazz Freeway cumplió su ciclo y desapareció, si no formalmente, sí de facto, cuando terminó esa quinta edición. No hay que olvidar que Freeway era sobre todo un grupo de amigos aficionados al jazz y, por lo tanto, nada profesionalizados en el campo de la gestión cultural. Es lógico pues pensar que dentro del proceso de institucionalización de la cultura que trajo la democracia en nuestro país, se fueran intercambiando estas iniciativas “voluntaristas” por otras más profesionalizadas. En el caso de la Diputación Provincial de Sevilla este hueco lo vino a cubrir, como ya se ha mencionado, la Fundación Luis Cernuda. La quinta edición del Festival no fue más que un intervalo de transición que permitiera a los nuevos responsables de la Fundación hacerse con la responsabilidad exclusiva en la organización de estos eventos culturales. No obstante, el proceso no fue brusco y la desaparición del Colectivo Freeway obedeció también a otros factores más cotidianos.
Efectivamente gran parte de los miembros de Freeway terminaron sus estudios universitarios y por lo tanto su actividad profesional cambió radicalmente. Sólo en los casos de Antonio Lora y Miguel Ángel González hubo una cierta continuidad ligada a la actividad cultural , Antonio siguió ligado a la gestión cultural ingresando en el Área de Cultura y Deportes del Ayuntamiento de Sevilla y Miguel Ángel González siguió colaborando en la programación y gestión del festival, pero ya en el seno de la Fundación Luis Cernuda a la que estuvo ligado en diferentes proyectos. Realmente Miguel Ángel fue el único de todos los miembros del colectivo que decidió dedicarse
profesionalmente a la gestión cultural,decisión que le ha acompañado hasta nuestros
días en que su empresa de gestión cultural Actidea organiza eventos tan emblemáticos como “Las Noches del Alcázar” en Sevilla.
El colectivo Jazz Freeway cubrió una etapa necesaria e interesante, la de una época donde las iniciativas culturales estaban a pie de tierra, iniciativas espontáneas que partían del escaso tejido asociativo cultural que existía en aquellos tiempos en Sevilla, sobre todo para expresiones culturales tan “exóticas” como pudiera considerarse en aquel momento la música de jazz. Fue un trabajo que fue consolidándose a través de toda una década, desde las primeras audiciones en Casa Damas hasta los Festivales Internacionales de Jazz y que fue incorporando referencias año a año, para disfrute de los aficionados a la música en general, a través de canales diferentes, audiciones,
radio, artículos de prensa y sobre todo conciertos en directo. La actividad de Freeway
logró introducir e incluso popularizar en algunos círculos, un tipo de jazz poco habitual,
representativo de una revolución musical que se estaba produciendo desde los años 40’ en los Estados Unidos de América y que tenía como seña de identidad la libertad expresiva, la capacidad de improvisación y la capacidad de transmitir emociones. El be bop, el cool, el hard bop, el free jazz y finalmente la fusión eran los contenidos esenciales de los diferentes eventos donde el Colectivo Jazz Freeway estuvo presente. Eso es importante porque fue una opción deliberada y conscientemente puesta en práctica por sus miembros a la hora de elaborar guiones o programaciones de los distintos eventos. Por supuesto no estoy afirmando que las actividades del colectivo Freeway fueran las únicas vías de difusión del jazz moderno en nuestra ciudad, pero posiblemente
sí las que mayor proyección llegaron a lograr. De hecho las primeras ediciones de los
Festivales Internacionales de Jazz fueron probablemente las primeras oportunidades para el público sevillano de poder ver en directo a músicos de jazz de primer nivel, a músicos que constituían la vanguardia del jazz en todo el mundo. Todo esto era posible gracias a una programación elegida con criterios determinados que optaban casi siempre por opciones de vanguardia frente a otras más conservadoras. Otra derivada importante de la presencia de los festivales de jazz eran las posibilidades creadas para los músicos de Sevilla que tenían la oportunidad de incorporar a su música nuevas influencias. El festival posiblemente fue impulsor de inquietudes musicales que
animaron a músicos de nuestra tierra a adentrarse en los caminos de la improvisación y
la fusión pero además a hacerlo a través de experiencias docentes concretas, como el
desarrollo de los diferentes seminarios que se organizaron en el entorno del festival que
permitieron una convivencia estrecha entre los músicos locales y músicos de la vanguardia del jazz internacional que seguro establecieron alianzas y complicidades que fueron transmitidas a la música que tocaban. Al rebufo del festival surgieron locales que hacían, posible que los músicos de Sevilla tuvieran, escenarios de expresión cotidianos, el Violonchelo, el Tartufo, el Be Bop y posteriormente Blue Moon, Panecitos, Acuarela, Tatamba, Orfeo, Contrapunto o El Patio, entre otros, eran espacios con música de jazz en directo donde músicos y aficionados mantenían un contacto durante todo el año y eran un reflejo de un interés sostenido de los aficionados por esta música que lamentablemente fue descendiendo en los años posteriores al mismo ritmo que fueron desapareciendo igualmente estos locales de tal manera que actualmente tan solo nos queda, casi de forma heroica, el esfuerzo del guitarrista “Pitito” Maqueda al
frente del “Jazz Corner” en un polígono industrial y la presencia ya consolidada del “Naima” gracias a la tozudez de Jorge Moreno en las cercanias de la Alameda de Hércules. Freeway fue un símbolo, entre otros muchos de la época, de la gestión cultural artesanal. Eran tiempos donde todo interesaba, donde pesaba más la ilusión por el proyecto que los intereses particulares, una época irrepetible con nuevas generaciones implicadas en la implantación de cambios, pasión por lo que se hacía, un cierto
romanticismo en la concepción de las acciones y una cierta inocencia en su ejecución. Sin embargo el resultado fue más que aceptable, la intención de crear una cierta cultura jazzística en la ciudad y establecer un espacio estable para una afición que crecía se logró, aunque posteriormente no se pudiera mantener todo lo que hubiéramos deseado. Tiempos de gente anónima que desarrolló una actividad necesaria en una sociedad carente de referencias (para el jazz no había muchas) y que cubrieron una etapa que aporta muchas pistas para poder entender los acontecimientos que se produjeron y
se siguen produciendo en torno al jazz en nuestra ciudad. Alrededor del colectivo Jazz Freeway había un grupo de amigos y aficionados al jazz que desde diferentes paraguas institucionales han seguido implicados en el desarrollo de eventos en torno a la música de jazz. Comenzaban tiempos diferentes pero con una afición que seguía respondiendo y una música que seguía más viva que nunca.

Fundación Luis Cernuda

Con la creación de la Fundación Luis Cernuda en 1983 en el seno de la Diputación
Provincial de Sevilla se da el paso definitivo para la institucionalización
de los eventos culturales dependientes de esta entidad. La iniciativa parte del
nuevo Presidente de la Diputación Miguel Ángel Pino que, como se ha relatado
anteriormente, fue el impulsor del Festival Internacional de Jazz cuando
ocupaba la vicepresidencia de la misma.
Se trataba de crear un ente instrumental que gestionara, evitando las rigideces
administrativas consustanciales a la función pública, la creciente actividad cultural que se impulsaba desde la Diputación y los compromisos que ésta iba adquiriendo en la gestión de las nuevas infraestructuras culturales que se iban desarrollando en la ciudad y en la provincia. Esto significó la entrada de nuevos actores e interlocutores en la gestión de los eventos y nuevas maneras de hacer las cosas. Eduardo Rodríguez fue nombrado director gerente de la nueva fundación y un viejo conocido del Freeway, José María Mellado Damas, fue designado como director musical y, por lo tanto,
responsable directo de la gestión del festival de jazz aunque Miguel Ángel González y Antonio Lora, ambos miembros de Freeway siguieron, en un principio, directamente ligados a la organización del festival en todo lo que tenía relación con la selección de los grupos y la producción del mismo, asegurándose de esa manera una cierta línea de continuidad con las ediciones anteriores sobre todo en lo referido a la programación, pero con una mayor visibilidad institucional ya que la Fundación Luis Cernuda quedaba como única organizadora del evento. El Festival Internacional de Jazz de Sevilla era a esas alturas un ciclo de música consolidado en la ciudad que convivía con otros acontecimientos importantes en los que también tenía una participación directa la Diputación Provincial de Sevilla y la Fundación Luis Cernuda como eran la Bienal de Flamenco, el Festival de Música y Danza de Itálica (en el que también había participado Freeway en los conciertos del batería Max Roach y el saxofonista Phill Wood) o el propio Festival Internacional de Cine de Sevilla que también inició su
andadura en 1980 y por supuesto la convivencia con la iniciativa municipal de Cita en Sevilla a partir de 1984, que incorporó igualmente una interesante programación de jazz en cada una de sus ediciones. Por lo tanto, la oferta cultural, en lo referente a la música, de la ciudad de Sevilla atravesaba en esos momentos una de sus etapas de mayor esplendor y bajo su luz nació la Fundación Luis Cernuda como ente instrumental
que debía gestionar gran parte de esta inmensa oferta cultural. Probablemente uno de los hándicaps más importantes que tenía esta gestión de acontecimientos culturales en ese final de la década de los 80’ fue la escasez, casi inexistencia, de infraestructura
cultural estable de cierta entidad y de titularidad pública que pudiera albergar
este tipo de eventos multitudinarios. Se tuvieron que improvisar solares efímeros como el solar de la Maestranza de Artillería o el Prado de San Sebastián o el nuevo polideportivo Municipal, el de San Pablo, que albergó alguna
de las ediciones del festival de jazz en los finales de los 80’. Sin duda esto tuvo sus consecuencias en el devenir del Festival Internacional de Jazz de Sevilla que tuvo que afrontar una larga peregrinación por locales diferentes, alguno de ellos poco adecuados para escuchar música y con un aforo muy variable, hecho éste que tenía sus consecuencias presupuestarias ya que el escaso aforo de locales como el cine Andalucía, la sala Apolo o el propio Lope de Vega no permitían cubrir en una parte razonable
el caché de cada uno de los artistas que actuaban y que seguían siendo de primer
nivel. Otro elemento a tener en cuenta es que el proceso de institucionalización de la actividad cultural no era acompañado de un proceso paralelo de profesionalización de la gestión de lo cultural, no había, todavía, profesionales dentro de la instituciones con una mirada a largo plazo de lo que significaba la gestión de un proyecto cultural para la ciudad a través de un ente instrumental y eso se notó. A pesar de todo ello el Festival Internacional de Jazz de Sevilla siguió su andadura hasta su XV edición de la mano de la Fundación Luis Cernuda, manteniendo un alto nivel de calidad en sus contenidos y encaminándose a la cita del 92, culmen de tantas cosas y comienzo de la decadencia
de tantas otras.