I Festival Internacional de Jazz de Sevilla 1980

 

cartel 1980

I festival 1980

La primera Edición del Festival Internacional Jazz de Sevilla se celebró en noviembre de
1980. Sevilla se situaba desde ese momento como una de las ciudades españolas que habían apostado por la música de jazz, considerada expresión cultural interesante, reflejo de modernidad, en una época donde las instituciones buscaban llenar los espacios vacios por la falta de compromisos culturales con la ciudadanía. No era la única, en 1980 comenzaron también los Festivales de Jazz de Valencia, Cartagena, Granada y probablemente alguno más. De hecho todavía alguno de ellos se mantiene, aunque su planteamiento fue desde el principio el de ciclos de conciertos sin una estructura de Festival como Cascais o San Sebastián o como se lo planteó Sevilla desde el principio.
Las primeras elecciones municipales en España en 1979 fueron un factor esencial para
la potenciación de iniciativas culturales de carácter local, que supusieron una especie de
avanzadilla al proceso de institucionalización de la cultura que se reforzó con la llegada al poder de la izquierda en 1982. En el caso de Sevilla la alcaldía de Sevilla en las primeras elecciones democráticas fue ganada por el nacionalismo andaluz del Partido Andalucista y el equipo municipal se puso manos a la obra para reforzar nuestros elementos identitarios desde el punto de vista cultural. Es en 1979 cuando se pone en marcha el proyecto de la Bienal de Flamenco liderado por José Luis Ortiz Nuevo, delegado municipal de Cultura y Fiestas Mayores de la recién constituida primera Corporación Municipal de la democracia, cuya primera edición se pone en marcha
en abril de 1980. Es interesante observar el proceso de diseño de la Bienal que partió
con la creación de un patronato en el que participaron a partes iguales representantes del Ayuntamiento de Sevilla y representantes de la Federación de Peñas Flamencas. En esas mismas elecciones locales de 1979, el Partido Socialista Obrero Español accede a la Diputación Provincial de Sevilla y pone en marcha un importante volumen de actividades a través de su recién creada delegación de cultura. Se buscaban nuevas iniciativas culturales y eventos que tuvieran una cierta repercusión en el conjunto de la provincia, la presencia en algunas ciudades españolas como San Sebastián, Barcelona y Vitoria de Festivales de Jazz con una proyección internacional y la presencia (aunque minima y no comparable naturalmente a la Bienal de Flamenco) de un colectivo estructurado en torno a la música de jazz, unido a circunstancias azarosas, hicieron
posible la puesta en marcha de ciclos dedicados a la música de jazz cuyas derivadas llegan hasta nuestros días. La base sobre la que se construyó el festival fue la de un grupo de jóvenes amigos aficionados al jazz que pertenecían a uno de esos colectivos
emergentes de la sociedad sevillana de la época, preocupados por la cultura, comprometidos con el cambio político, que intentában corresponder a ese movimiento continuo de la sociedad con nuevas iniciativas relacionadas con la difusión de una música  comprometida con los valores de un nuevo tiempo, que impulsaba la libre expresión y que era casi desconocida, al menos bajo esos parámetros en nuestra ciudad.

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La primera pregunta a la que tenía que responder el Colectivo Jazz Freeway era el modelo de Festival que quería impulsar y su dimensión . No se pensaba en un modelo de conciertos en espacios escénicos cerrados que en aquel tiempo sólo podían ubicarse en alguno de los teatros de la ciudad, ni tampoco  en actuaciones al aire libre dada la climatología previsible de un mes de noviembre en Sevilla.
Al final el espejo elegido fue el festival de Jazz de Cascais en Portugal que se celebraba en
un polideportivo. La opción era más compleja desde el punto de vista organizativo pero respondía mejor a la idea de Festival que el Colectivo había vivido en el festival de Cascais, es decir un espacio más informal donde el público se pudiera mover con mayor libertad y  permitiera sesiones largas con la actuación diaria de tres grupos. Al final la elección fue el desaparecido estadio municipal de Chapina, al que se calculaba un aforo de alrededor de cinco mil personas. La apuesta era arriesgada ya que era dificil una previsión mínimamente solvente de la capacidad de atracción que podría tener un Festival de Jazz en nuestra ciudad, entre otras razones porque no existía ninguna experiencia previa. No obstante, si se estaba convencido de que en Sevilla había público para la buena música, eran tiempos de avidez por lo cultural y el jazz tenía el atractivo suficiente, aunque sólo fuera por la novedad, para movilizar a un público poco acostumbrado a acceder a conciertos en directo de músicos de primer nivel.

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carnet y abono

La segunda cuestión era relativamente más fácil de responder, y era hacer una propuesta  de programa que respondiera a las expectativas que desde la Diputación Provincial se habían puesto en la celebración de un evento de estas características. Si se trataba de contratar músicos de primer nivel, estaba claro que la única opción era aprovechar la gira de otoño en Europa de los grupos de jazz de Estados Unidos que desde hacía una década alimentaban los Festivales de Jazz europeos y que tuvo su origen a principios de los 70’ en la gira de los músicos del Festival de Newport promovida por George Wein y que originó un flujo hacia Europa de músicos de jazz estadounidenses que se mantiene hasta nuestros días. Luis Villas Boas fue uno de los primeros promotores que pusieron en marcha estos festivales en el Cascais-Jazz de 1971. Detrás de cualquier gira estructurada existe un promotor que tiene la exclusiva para un país. En este caso el referente para España era Julio Martí promotor valenciano que iniciaba precisamente su andadura en ese negocio en 1980. Con estos elementos previos y con un viaje previo a Valencia a casa de Julio Martí, se elaboró un presupuesto con capacidad de afrontar un evento de tres días de duración y actuaciones de tres grupos cada día. El presupuesto presentado por el Colectivo Jazz Freeway y aprobado por la Diputación fue finalmente de 4 millones de pesetas de los cuales estaban dedicados a la contratación de músicos más del cincuenta por ciento.  El esquema de trabajo era totalmente casero lleno de buenas intenciones y voluntarismo en un contexto donde las horas de trabajo y la dedicación no tenían límite. El programa inicial que se presentó a la Diputación no fue el definitivo porque tuvo dos sensibles pérdidas. Por un lado la de dos músicos europeos que habíamos visto el año anterior en el Festival de Cascais, el violinista inglés Didier Lockwood y el bajista francés Henri Texier, previstos para el último día y sobre todo la de Archie Shepp y su cuarteto, a quien los miembros del colectivo tenían un especial interés en ver en Sevilla, aunque finalmente sería sustituido por un músico carismático que dejó una profunda huella en nuestra ciudad, el violinista francés Stephan Grappelli. En la propuesta inicial y siguiendo el esquema de la primera semana de jazz que organizó el Freeway el año anterior se habían previsto algunas actividades previas a los conciertos como alguna conferencia o proyecciones, pero finalmente se desechó la idea concentrándose toda la actividad en el polideportivo de Chapina circunscrita exclusivamente a los conciertos programados.

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La logística del Festival pasaba también por buscar los complementos necesarios que garantizasen los conciertos en condiciones adecuadas de visibilidad y de sonido, el acondicionamiento del polideportivo para un concierto de estas características fue realmente artesanal. Javier Gutiérrez Padilla actual responsable de las actividades culturales del CICUS y del Festival de Jazz de la Universidad de Sevilla, fue el responsable de la logística interna que pasaba por cubrir todo el parquet del estadio con tableros de aglomerado pegados con cinta aislante, colgar los cortinajes de terciopelo en el fondo del escenario que se cosiguió en un sitio de la calle Pagés del Corro donde alquilaban elementos de atrezo para teatro, colgar una inmensa pancarta de tela sobre las cortinas a base de alfileres, apoyarse en las empresas que en Sevilla se dedicaban, y algunas de ellas todavía se dedican a esos menesteres, es decir Quidiello, para las sillas que cubrían la cancha del polideportivo y Estructuras Tubulares YDE, para el montaje de un gran escenario. El piano de cola lo suministró, como en el resto de las ediciones, la empresa Isidoro Pianos. Pero el sonido era diferente, no se conocía en ese momento empresas en Sevilla que pudieran poner sonido a un gran festival en un espacio cerrado, difícil de sonorizar y para un tipo de música no basada en la potencia de watios disponible sino llena de matices acústicos que necesitaban ser destacados. La solución, una vez más, no pudo ser más casera e improvisada. Un chaval catalán que estaba haciendo la mili en Sevilla y al que un componente del Colectivo daba refugio cuando podía salir del cuartel. Ramonet tenía una empresa de sonido en Barcelona llamada “Sonet” que hacía bolos en Cataluña y que nos aseguraban tenían experiencia suficiente en la sonorización de conciertos acústicos de gran formato. Era una solución en aquellos momentos y se llegó a un acuerdo por un buen precio y “Sonet” se hizo cargo finalmente del sonido del I Festival Internacional de Jazz de Sevilla con anécdota incluida: la furgoneta que bajaba de Barcelona con todo el equipo de sonido se averió y llegó casi 24 horas después de lo previsto, al alba del mismo día que empezaba el concierto, después de una larga, larguísima noche de espera para todos los miembros de Freeway.

Otro tema que solucionar era la cartelería y también en esa ocasión se optó por una solución práctica, se hizo una selección de las diapositivas de los Festivales de Jazz de Cascais y San Sebastián y al final se eligió una foto de Luis Castilla que correspondía al Festival de San Sebastián del año 74 de una memorable sesión de Fatha Hines Meets Kansas City’s Stars. Como programa de mano se hizo un humilde tríptico en el que había un pequeño resumen de los diferentes grupos que iban a actuar y el trabajo de impresión se encargó a la imprenta Haro de Sevilla. Había que montar un Festival de Jazz Internacional en poco menos de cuatro meses y  muchos detalles que tener en cuenta, la identificación de organizadores y prensa siguió el mismo modelo que Cascais, los traslados de músicos desde el aeropuerto al hotel y al concierto lo organizamos con los propios coches de los miembros del Colectivos y los de algunos amigos, se elaboraron dossieres completos de cada uno de los grupos para los medios de comunicación y se movilizó prensa y radio para dar el máximo de difusión al evento. Fueron meses de una gran actividad, con sensaciones encontradas sobre cuál iba a ser el resultado del  esfuerzo.

El viernes 28 de noviembre de 1980 comenzó la andadura de un festival que nacía, como decía la presentación del programa, “un festival de jazz para convertir a Sevilla en la Ciudad del Jazz en Otoño”, durante un largo tiempo fue así y todo ese tiempo Sevilla se abrió a una música, para ella extraña, pero que rápidamente fue absorbida por una ciudad que despertaba. La expectación creada fue importante y se vendió todo el taquillaje  puesto a la venta, el cálculo fue que asistieron más de cinco mil personas, se supo que hubo falsificación de entradas y sobre todo falsificación de invitaciones, lo cual creó algunos problemas para ubicar a tanta gente en un estadio abarrotado. Alrededor del estadio de Chapina tuvo que intervenir la policía ya que había mucha gente que quería entrar sin entrada. Fueron unos momentos tensos que afortunadamente no llegaron a mayores pero que sirvieron de aprendizaje para incorporar muchas modificaciones en la organización de la segunda edición del festival al año siguiente.

 

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